¡Arriba el pezón!¡Abajo el sujetador!

Hay que reivindicar.

Comodidad versus atractivo; libertad versus femineidad.

En la revista Proyecto Kalo Noelia Gutiérrez Melgar invitaba al abandono del sostén. La despechada autora arguye multitud de razones. La primera porque le da la gana. Porque sí. Está en su derecho, faltaría más... La segunda porque “es el corsé del siglo XXI”. La tercera porque aprieta y molesta. En sus propias palabras, “el sujetador es una prenda de mierda hecha de hierros y telas que se te clava hasta los confines de la carne y te crea picores, heridas e incluso manchas”.

Kendall Jenner y Bella Hadid también se declaran en los medios decididamente a favor del pecho libre de ataduras: ¡abajo el sujetador! Resumiendo: ¡viva la libertad para las “domingas”, de lunes a domingos!

Consciente de estas ataduras, la firma THIRDLOVE pone remedio a tal situación. Heidi Zak, C.E.O de la marca era ejecutiva de Google en Silicon Valley. Vaya por delante que lo de Silicon es una simple coincidencia. Nada tiene que ver con la silicona de los implantes en las mamas.

Heidi decidió dejarlo todo para diseñar un sostén que hiciese la vida más fácil a las mujeres, sin necesidad de convertirlas en esos oscuros objetos de deseo que tanto promueven, por ejemplo, las firmas WONDERBRA o VICTORIA’S SECRET. Lencería sexy y atractiva a la vez. Se acabó aquello de “por un gustazo un trancazo”. A partir de THIRDLOVE no tiene por qué ser así.

Zak pensó en realizar una guía ilustrada sobre el pecho. Dicho y hecho. El documento en cuestión contempla todas las formas posibles -y no son pocas- que pueden identificarse en la anatomía femenina. No contenta con esto, ha desarrollado una app que permite diseñar y adaptar el sujetador a las necesidades particulares de cada cuerpo.

Primero la explicación, después la aplicación. Con su producto, exclusivo y absolutamente personalizado, algunos de los discursos de Noelia Gutiérrez sobre las molestias, picores y apreturas ya no se sostienen. O se sostienen menos.

Otra de las importantes ventajas añadidas es que nunca más hará falta lamentarse del error cometido al no haber adquirido la lencería adecuada. Se acabó para siempre el “a lo hecho, pecho”. </