Cápsulas de reivindicación.

Moda y modo de reivindicación.

¿Se ha vuelto la moda revolucionaria? ¿A las barricadas, compañeros? ¿Vuelve la lucha de clases, camaradas?

Por un momento, reivindicar se ha puesto de moda. Pero solo por un momento. La moda (y más la de reivindicar) es una moda pasajera. Se diría que se trata de proclamas de mentirijillas. No hay por qué alarmarse. Al fin y al cabo, si nos fijamos, los gritos y lemas han sido escritos y estampados sin estruendo. Y todos, sin excepción, han aparecido en camisetas. Una prenda que siempre ha tenido un punto de proletaria y reivindicativa.

Que la moda tire de este tipo de soporte para despertar conciencias me parece bien. En cambio, tirar de camisa para gritar ya es otra cosa. La camisa, esa sí, ha sido siempre más señorial. Un punto burguesa. La camiseta es de estar por casa o ir informal por la calle. La camisa ya es otro cantar. Y otro contar. Sobre todo, si es de popelín.

Por eso los eslóganes que han aparecido en los últimos desfiles han tenido como mínimo común divisor el soporte de una tela más bien poco resistente. A efectos de provocación y llamada a la acción son efímeros, flor de un día. En justa consonancia con la dosis de rebeldía de los mensajes escritos en ellas.

Definitivamente la de la camiseta es una proclama frágil, de barricada de barrio mal pertrechada. Más de estar por casa. La de la camisa ya es una resistencia más ordenada. Con esa sí que hay que tener más cuidado.

Otra de las razones que convida a la tranquilidad sin esperar a que salten las alarmas es la propia razón de ser de los mensajes. Estructurados en “colecciones cápsula”. Como su nombre indica, una colección cápsula es una colección pequeña, dentro de otra colección mayor. Presentan pocas piezas. Por eso nunca se pueden desmadrar...Un nuevo motivo para serenarse. No ha lugar a la crispación.

Es muy buena idea esta de contrarrestar la grandeza del mensaje con la pequeñez de una colección, como la cápsula, que siempre ha estado fuera de temporada; hasta un poco fuera de juego, si se quiere. A la colección cápsula se le puede permitir y, hasta perdonar, cualquier exabrupto. Hasta resulta simpático.

Una reivindicación ordenada, muy bien mesurada y con un volumen muy equilibrado. De poco recorrido. Como los pasos que se dan sobre una pasarela. Con unos modelos, que en eso de compartir backstage y frontrow para ganarse la vida son más compañeros que camaradas.

Que nadie espere una voz más alta que otra. Ni un grito o clamor de gran conquista social. La reivindicación que no