Luis Alberto Bandeira Machuca en Marketing y Producto, Profesores y educadores, Moda y belleza Director creativo • NTG 17/5/2018 · 2 min de lectura · 4,5K

Comer con los ojos.

            Lo que no entra por los ojos tampoco suele entrar por la boca.

            Es la realidad palpable en los países civilizados. ¿He dicho civilizados? Comprar un producto de alimentación, tiene la exigencia por parte del consumidor de un envase bonito. La industria se ha encargado de ello. Si el artículo está desnudo, no necesita envoltorio. En ese caso, para probarlo, será “conditio sine qua non” que resulte atractivo.

            Marcas de fabricantes y supermercados lo saben de sobras: lo que está en las estanterías tiene que ser llamativo. Y en los lineales, más que nunca. La colocación, la forma de disposición y, sobre todo, el envase son esenciales para el éxito. El envase es el vendedor silencioso. Así lo que atrae a la mirada dispara la mano y el producto acaba en la cesta.

            En este sentido las marcas blancas juegan con la desventaja de no presentarse muy elegantemente vestidas, que contrarrestan con la oferta de un precio más económico. En productos de poco valor añadido, el consumidor sabe que la calidad del contenido suele ser la misma.

            Ha sido preparado por una marca de las de toda la vida para el distribuidor de turno. Pero más económica porque su precio de compra es mejor ya que se negoció ajustando márgenes para un pedido de un volumen extraordinario. En consecuencia, es más barato también para el consumidor.

            En los llamados artículos perecederos, que requieren mucha rotación, porque tienen fecha de consumo preferente, el problema se agrava por la necesidad urgente de darle salida, ante una próxima fecha de caducidad. Es lo que pasa con los yogures o los alimentos frescos, por ejemplo. Lo contrario sería una conserva, que puede permanecer en venta durante meses o años, sin alterar sus cualidades.

            La industria de la alimentación emplea muchas energías en eliminar los productos que están a punto de llegar a su fecha de consumo preferente o que tienen pequeños defectos en sus envases. Desiré Taboada le echa una mano.

            Nuestra protagonista tenía un deseo que empieza a hacerse realidad. Y es aquí donde se puso en marcha. Como había trabajado durante toda una década en una empresa que prestaba servicios de marketing para el gran consumo y la distribución, vivió en primera persona cómo este problema aquejaba al sector. Desiré sabe de lo que habla. Y en eso está.

            Cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida, mientras que 842 millones de personas en todo el planeta pasan hambre. Literalmente, no tienen nada que llevarse a la boca y que acabe reconfortando al estómago.

            Ella es una de las fundadoras de I’M PERFECT FOOD, el primer supermercado que, en España, recupera productos que de otra manera acabarían en la basura. Es una simple cuestión de conciencia. Y aprovechar y obtener rendimiento y utilidad de algo que se iba a tirar siempre es una bonita forma de ganarse la vida.

            De momento solo vende en internet. Y a clientes de proximidad. Por la zona de Barcelona y Castelldefels. La persona interesada tiene la opción de ir a buscar la compra a sus instalaciones o de que se la lleven a casa. Y la tranquilidad de que se trata de un producto que puede consumir en el corto plazo con todas las garantías.

            Evidentemente su precio se ha reducido con respecto al original. En la web o en la app se informa tanto de la fecha óptima de consumo como de si el embalaje presenta algún defecto. Y, por si fuera poco, además, el comprador recibe una alerta que le advierte cuando se acerca la fecha límite superada la cual es mejor no comerlo.

            ¡Gracias Desiree, en el nombre de muchas personas concienciadas.

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http://www.lavanguardia.com/comer/20180404/442168511430/desperdicio-comida-im-perfect-food-alimentos-caducidad.html

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Comer con los ojos.



Zuleima Diaz 27/5/2018 · #3

Tienes razon en lo que planteas... las redes sociales si no las sabemos manejar terminan siendo una cilla mecedora, donde octienes muchos movimientos pero no te llevan a ningun lado.

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#1 Y no hablemos de las marcas negras...Que ese es otro discurso.

+1 +1
Ignacio Orna (Nacho) 17/5/2018 · #1

Recuerdo cuando salieron las marcas blancas. Flipábamos y alucinábamos en colores, en rombos y en octógonos. No entendíamos nada, pero pronto supimos que la calidad de aquellas marcas blancas dejaba mucho que desear, no sabían igual más bien a ¡Puaj! Ya que no eran de primeras marcas, sino de quinta regional. Estoy hablando de la época de la transición 1976. En aquella época abrió el DIA y su productos eran ínfimos, aparte se colocaban las cajas en que venían los productos, “De su caja al consumidor” Hoy en día, el DIA ha cambiado tiene otro aspecto, las marcas blancas no saben a ¡Puaj!, están colocados los productos en sus estantes, sin las cajas en las que vienen, lo que si sigue conservando una vieja tradición, faltan etiquetas en los lineales para mirar los precios de los productos y cuando la hay a veces te vuelves loco para encontrarlas.

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