¡Cómete la moda!

Que la moda viste mucho es evidente.

Y que, últimamente, viste mucho más también. Hasta lo inimaginable. Por ejemplo, sandías.

El verano pasado ÁGATHA RUIZ DE LA PRADA, acostumbrada a diseñar y prestar su nombre a los artículos más insospechados, lo hizo con una sandía. No podía crear la fruta: ya existe. Tampoco podía diseñar su sabor: viene “incorporado de fábrica”. Lo único que podía hacer era crear su etiqueta.

Ya tenemos la primera “sandía fashion”. En inglés aún quedaría mejor: “fashion watermelon”. Eso sí: se trata de una etiqueta solidaria. Que esto de colaborar a una buena causa también viste.

NOCILLA (¡qué merendilla! - muchos de los que usamos canas aún recordamos el eslogan que acompañó a ese momento de consumo en nuestra pubertad-) se ha vestido de VICTORIO & LUCCHINO, una firma entrañable a la que un mercado cruel y despiadado también se “ha merendado”: “merienda fashion”.

El agua EVIAN luce un “look” de KENZO. Aunque la marca sea “eau de boire” y no “eau de toilette” , la etiqueta respira un diseño a fragancia fresca. Es agua para el interior; no para el exterior. Sigue siendo agua de muy buen beber. Y, por aquello del diseño, de muy buen ver: “Agua fashion”.

Hasta NESTLÉ ha cambiado el envase de su helado MAGNUM por otro mucho más jovial de DOLCE & GABBANA. La conservadora marca de alimentación ha obviado las campañas de publicidad subidas de tono de la famosa firma italiana para rediseñar uno de sus productos más exitosos: “helado fashion”.

Y, por si fuera poco, LIDL también se apunta a la fiesta. En este caso, recorriendo el camino en sentido contrario. Lanza su moda femenina ESMARA de consumo rápido. Como si de un alimento fresco se tratase. Baratísima y casi con fecha de caducidad, como su yogur. Con lo que, más pronto que tarde, en la famosa cadena podremos “vestir comida o comer moda”, según se vea.

En el armario de la alimentación y las bebidas hay colgadas muchas perchas de diseño irresistible. Y todas a pedir de boca. Se diría que para morirse de gusto. Así, como suena, vamos.

¿Con qué nos vestimos hoy? ¿Con una sandía? ¿Con una crema de cacao? ¿Con un agua mineral? ¿Con un helado? ¿Con un supermercado? Las marcas de moda extendiéndose y colaborando hasta lo indecible en el sector de lo comestible y lo bebestible. Y cadenas de distribución de la compra diaria haciendo incursiones en el mundo del textil.

Moda para comer y beber. O supermercados para vestirse. Según se mire…

Se me ocurre pensar qué pasaría si construimos un marketing al revés. Si fuesen las firmas de productos de bebidas y alimentación las que prestasen sus sabores a la moda. Por lo menos, se me antoja divertido pensar cómo se podría actuar en sentido inverso. Y esto ¿cómo se come? Pues es moda de otro modo. Sería curioso. Veamos:

Moda VICTORIO & LUCCHINO con sabor a chocolate y avellanas. ¡Huummmm! Para comérsela.

EAU DE TOILETTE KENZO con sabor y olor de manantial de las altas cumbres. ¿Y si convertimos en tendencia beber colonia?

Helado MAGNUM con sabor y aroma de DOLCE & GABBANA.

Alimentación LIDL con diseño ESMARA.

¿Y con la sandía, que hacemos? Lo tendríamos algo más difícil porque, en principio, es un producto que nace fruto de la tierra. Sin marca. Claro que también la han modificado genéticamente para que salga sin las incómodas pepitas. Hasta han conseguido que presenten una forma cuadrada, para que puedan almacenarse mejor.

Tiempo al tiempo. Ya pensaremos en algo. Tranquilos, que todo llega.

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http://www.elespanol.com/estilo/moda/20161005/160734234_0.html

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¡Cómete la moda!