Luis Alberto Bandeira Machuca en Marketing y Producto, Profesores y educadores, Moda y belleza Director creativo • NTG 31/5/2018 · 1 min de lectura · 3,5K

El chicle que pisa fuerte...

Camina con paso firme y decidido hacia la concienciación ecológica.

Es un chicle con principios. Y mejor final, aún. De los que piensan que para atrás ni para coger impulso. Con un fuerte sabor a comprometido futuro porque de su boca sale una agradable y fresca proclama de defensa medioambiental.

En esto, aunque por su condición sea algo blandengue, se mantiene duro. Dispuesto a “ponerse las botas” en la cruzada contra el incivismo y la suciedad.

A partir de ahora, sacar más jugo y provecho de un chicle masticado va a ser pan comido. La precursora de la feliz iniciativa de estirar la vida útil de la goma de mascar es la diseñadora británica Anna Bulus, que ha decidido dar una segunda oportunidad, mucho menos ignominiosa que la de acabar masticado, deshidratado y enganchado a la calle sin posibilidad de salvación.

¿Quién iba a decir que después de haber proporcionado más de un momento de frescor a una boca pastosa, sirviera de pasto para pisar el duro asfalto? Ya no se pegará ni al suelo ni a la suela.

La empresa que revive al chicle vapuleado por unos dientes entretenidos y se encarga de reciclar este caucho sintético en forma de zapatos se llama GUMDROP. Y quien dice calzado, dice muchas otras cosas más. Por ejemplo llaveros, bolígrafos, reglas…, hasta púas para tocar la guitarra. El número de aplicaciones de la resucitada goma de mascar es infinito.

Los chicles ya no son un desperdicio. Anna, que es profesora de reciclaje en el Museo del Diseño de Londres, analizó la química de este producto. Descubrió que contiene un caucho sintético, que es un material muy versátil.

Su principal ingrediente es un tipo de polímero similar al plástico que se llama poliisobutileno, según explica la diseñadora en la BBC, "el mismo material que se encuentra en las cámaras de aire de las ruedas de las bicicletas".

En su misión de recoger este material usado, Anna ha creado unos recipientes contenedores en forma de bola rosa para que la gente deposite en ellos los chicles masticados. Los contenedores explican que las aportaciones servirán para crear nuevos objetos.

De momento, hay 600 repartidos entre plazas, estaciones y universidades del Reino Unido. La Universidad de Winchester, al sur del país, fue uno de los primeros lugares en colocarlos, pero también hay en el aeropuerto de Heathrow y en los andenes de los ferrocarriles de la Great Western Realway.

Así se consigue un triple objetivo, a cada cual más loable: a) dar una nueva utilidad a un material que antes no se reciclaba, b) convertirlo en moda del calzado y c) menos zapatos “cazados” al pisar un maldito chicle.

De 42 chicles gastados sale, por ejemplo, una taza de café. O sea, que en cierta forma el chicle que sale de la boca vuelve a la boca. Goma de mascar con multitud de usos posteriores, en la máxima extensión de la palabra.

Sí, señor: todo un chicle; de la cabeza a los pies.

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https://www.elperiodico.com/es/extra/20180428/anna-bullus-fabrica-suelas-zapatos-con-chicles-6788301

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El chicle que pisa fuerte...



Ignacio Orna (Nacho) 7/6/2018 · #2

Mundo insólito.

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Yo cómo que las tazas...😅, en el calzado si me parece buena idea.

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