El cuento del descuento...

¿Rebajas o resubes?

El río de las rebajas baja cada vez más revuelto. Un río que es un lío. Para empezar ya no se sabe cuando comienzan y cuando acaban. 17 Comunidades Autónomas con sus fechas convierten este momento de las compras en una auténtica Torre de Babel. Que si “black friday”, que si rebajas de Navidad; que si rebajas de enero.., que si rebajas de verano…

Unos establecimientos proponen la reducción del precio por etapas. Durante los primeros 20 días un % de descuento; los 20 días siguientes, otro % superior -segundas rebajas- y, para final (cuando se supone que ya se ha vendido casi todo) el máximo descuento, para un consumidor que apenas tiene ya donde elegir. ¡Ah…, se siente! Ya se sabe: detrás del último no va nadie. Haber venido antes. Póngase a la cola.

Otras tiendas prefieren aplicar la misma rebaja desde el primero al último día. Incluso las hay que adelantan fechas ofreciendo descuentos porque no pueden anunciar rebajas. A lo dicho: el cuento del descuento.

A quien no afecta prácticamente esta cuestión es a las marcas de lujo. Un bolso HERMÉS no puede verse rebajado en un escaparate. Desde el punto de vista comercial sería un sacrilegio. Es un producto para pudientes. Y, por mera cuestión de imagen, los adinerados y las rebajas son incompatibles. Con todo, los hay que hacen ofertas puntuales discretas a la base de datos de sus clientes, que nunca se reflejan detrás del cristal: “¡queda entre usted y yo, oiga!"

No está bien que a los ricos se les trate con ofertas como al resto de los sufridos mortales. Comprarse una prenda o un complemento de lujo es eso, todo un lujo que no está al alcance del ciudadano medio. No ha lugar a discusión.

En los Grandes Almacenes encontramos artículos que no están rebajados. ¿Y esa marca por qué no? Porque no. Y punto. ¿Exigencias de la firma? Puede ser… ¿Acuerdos comerciales entre firma y distribuidor? También puede ser. ¿Al distribuidor no le sale rebajarlos de los mismísimos? Una vez más, puede ser… ¡Vaya usted a saber…!

Hay otra categoría de establecimientos que retiran de su oferta comercial los artículos que tenían con anterioridad para sustituirlos por otros que, curiosamente, ni son tan buenos, ni son tan bonitos; pero sí son más baratos. Conozco unos cuantos…; por no decir muchos…Me perdonará: “se nombra el pecado, pero no el pecador”.

Y el colmo de la desfachatez, casi imposible de detectar es rebajarse a jugar con los precios. Como por ley se está obligado a re-etiquetar, poniendo el precio anterior y el nuevo rebajado, ¿quién nos garantiza que ese precio anterior no se