¡Ese nombre no, hombreeeeee...!

No escarmientan. Persisten en el error.

Algunos fabricantes de automóviles cuando buscan nombres para comercializar sus modelos meten la directa y se estrellan. Y mira que quienes nos dedicamos a esto se lo tenemos dicho. Por activa, por pasiva, por transitiva, por intransitiva, por reflexiva, por recíproca, por pasiva refleja, por perifrástica, por impersonal…Hasta la saciedad…

Lo que en un idioma suena muy bien en otro no. Lo que en un país tiene un significado agradable, en el de al lado lo tiene peyorativo. Es cuestión de semántica. Una cosa es la denotación, lo que la palabra significa, sin más; otra la connotación, el valor positivo o negativo que representa y que se le da, según el contexto. No hay manera. Ni prostituto caso.

Ellos “erre que erre”. Expresión que debe significar error tras error, digo yo. Afirman conocer aquello de “think global, act local” (piensa en global, actúa en local) cuando buscan el nombre. No se lo creen ni hartos de vino peleón. Y, en consecuencia, acaban metiendo la pata hasta el corvejón. Una y otra vez. Con esta forma de entender la comunicación sus políticas de marketing tienen bastantes posibilidades de acabar seriamente accidentadas.

En España la historia viene de lejos. De cuando muchos de los que os interesáis por estos temas no estabais ni en proyecto. O sea, que vuestros progenitores no os buscaban nombre, ya que hablamos de esto. El primer conflicto semántico se produjo con el intento del lanzamiento del LANCIA MARICA, allá por 1969. Eran tiempos de dictador que perseguía a los homosexuales con una “ley de vagos y maleantes”. Sin comentarios... Ni que decir tiene que el bautizo se abortó. Por la sencilla razón de que el interfecto no nació. Vamos, que el producto no vio la luz.

Desde entonces hasta nuestros días, todo un cúmulo de despropósitos. Pura antología del disparate aplicado al marketing. Veamos algunos desafortunados casos a los que, antes de un lanzamiento definitivo, no les hubiesen ido nada mal pasar por el taller; una mano previa de chapa y pintura:

FORD CORRIDA, se quedó en prototipo. Por suerte, el semen no salió. Comercialmente hablando, habría sido un engendro.

MITSHUBISHI PAJERO. Aquí sí se llego hasta el final. Después de hacer oídos sordos, el fabricante accedió al cambio. Hoy se llama MONTERO.

FIAT MAREA. Produce vértigo, es vomitivo. Uno piensa que, por mucho que se lleve puesto el cinturón, sobre todo si se va en los asientos traseros y por carretera de curvas, “pota” hasta la primera papilla.

VOLKSWAGEN JETTA. Para jeta, caradura, la que ha demostrado tener la marca. Sobre todo con el engaño a nivel mundial con respecto al índice de emisiones de CO2. Perdón por el chiste fácil, pero es que “me lo han puesto a huevo”.

NISSAN MOCO. O “burilla”, en lenguaje coloquial. Hasta en el color se parecía. Podía haberse llamado NISSAN pañuelo. Aún mejor, KLEENEX, por aquello de desechable, como el nombre que debían haber rechazado y nunca haberle puesto.

MAZDA LAPUTA. Insultante. Un atenuante sería que después lanzaran el modelo gigoló, por aquello de la igualdad de sexos.

KIA BORREGO. ¡Anda, ya! Hace falta ser burro. Ese nombre no se le ocurre ni al que asó la manteca.

AUDI Q3. No, señor. El que compra un AUDI no tienen nada de “cutre”.

LAMBORGHINI REVENTÓN. ¡Uff.., menos mal! Podía haber sido peor. Se salva por los pelos. Se les podía haber ocurrido llamar así a una marca de neumáticos. Entonces, la debacle…

Un coche que evitó el ridículo de última hora fue el HYUNDAI SCOUPE (¡guarro, aquí no se escupe; eso no se hace…!) Por suerte en España “se le cayó” la S inicial y quedó en un coupé mucho más resultón.

Quien últimamente se ha salvado del escarnio por la campana (por una letra, aunque la pronunciación suene igual) ha sido la firma TATA. Esta vez no hay que culpar a la desidia o imprevisión, sino a una fatal coincidencia. A punto de lanzar su modelo ZICA se descubría el virus bautizado como ZiKa, que -eso sí- es infinitamente más peligroso y con muchas peores y fatales consecuencias que las provocadas por una equivocada política a la hora de escoger el nombre de un producto.

Nombres de coches peligrosos. A veces más que conducirlos. Porque pueden llevar al fabricante a estrellarse en el lanzamiento de un nuevo modelo. La lista continuará. Perseverarán en el error. Ya lo verán. La multinacional, como el ser humano, es el único animal que tropieza dos veces (o muchas más, a tenor de lo visto) en la misma piedra.

Y si no, al tiempo…

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¡Ese nombre no, hombreeeeee...!