Espejito, espejito...

¿Quién es la más hermosa de todas…?

A las nuevas pantallas táctiles que algunas firmas de moda van introduciendo en sus probadores casi se les puede preguntar, como hacía Cruella de Vil, la malvada y villana de101 Dálmatas.

No es que en este caso el espejo tenga nada de cruel; mucho menos de vil. Pero seguro que para el bolsillo de más de una consumidora compulsiva esta tecnología ejercerá una especie de atracción fatal.

El invento combina a la perfección el retail aspiracional con la experiencia de compra. Todavía no coge la sisa ni hace los bajos, pero todo se andará. Lo que sí permite, gracias a su pantalla táctil, es solicitar la ropa y las tallas que se necesiten sin ir a buscar la percha, perderse en el laberinto de pasillos ni retomar la cola de vuelta al probador.

Así la consumidora está más cerca de ser compradora. ¡Bienvenida sea toda tecnología que acorte distancias entre deseo y acto de compra. Y mucho más, si aporta comodidad y diversión.

Lo que no sabemos es si el invento en cuestión esconde recursos para estilizar la figura. Si, además de facilitar la vida, no es como aquellos espejos de los salones que hay en los parques de atracciones, y que nos quitan unos cuantos años y tallas de encima. De ser así, señores fabricantes, ¡felicidades! :lo teníais todo pensado. ¡Qué pillines…!

Los que hemos utilizado los servicios de fotógrafos de moda lo sabemos: la fotografía engorda. Por eso lo mejor, por si acaso, sería un espejo virtual, que adelgace. -(¡qué ilusión!)-. Para que lo único que aumenten de peso y volumen sean las ventas. Así se pueden contrarrestar los efectos de una realidad incómoda reflejada. Sería como mirarse a través de un retrovisor que devuelva una imagen unos cuantos años más joven. Que, de paso, dé la sensación de un cuerpo más ligero. Que dé la talla. Y a ser posible unas cuantas tallas menos.

El espejo, como la cámara fotográfica, no hace milagros. Lo que hace milagros -ya lo sabemos- es el famoso fotoshop. Al fin y al cabo, la verdad siempre se muestra en toda su crueldad. Como la de Cruella. Por eso hay que intentar que la consumidora se vea y sienta a si misma lo más mona posible. Por mucho que existe una verdad universal a la que nunca podremos sustraernos: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda.”

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http://www.lavanguardia.com/vida/20160709/403066401139/pantallas-tactile-espejo.html

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Espejito, espejito...