Luis Alberto Bandeira Machuca en Marketing y Producto, Moda y belleza, Moda Director creativo • NTG 14/2/2018 · 1 min de lectura · 4,9K

Las sandalias que se pagan con tarjeta.

Pagarlas en metálico resulta algo difícil.

Hasta un poco chabacano. Sobre todo porque se trata de las sandalias más caras jamás confeccionadas. Un auténtico capricho para alguien asquerosamente rico. Su precio: 15 millones de dólares.

Decir que son exclusivas es poco. Son muy únicas; uniquísimas (ya lo sé: único carece de superlativo, me lo acabo de inventar; no existe, pero es que la ocasión lo justifica). Lo diré de otra forma: son lo más de lo más…

Es lo que tiene ser rico, caprichoso y poder permitirse el contratar en exclusiva el trabajo de un diseñador. Se paga. Con tarjeta de crédito VISA, MASTERCARD o AMERICAN EXPRESS. ¿Qué más da? Pero eso sí: de las de oro. De mucho oro. A estas alturas pagar en metálico es de pobres. De “quiero y no puedo”. A no ser que la intención sea evadir impuestos, está mal visto.

La diseñadora ha sido Debbie Wingham, en colaboración con el prestigioso artista Chris Campbell. El resultado ha sido éste: las sandalias más caras del mundo. Puede que no resulten preciosas, pero lo que tienen -seguro- son piedras preciosas. Y oro de 34 quilates.

Lo realmente llamativo de este calzado son los diamantes, tanto rosados como en tonos azules, que se combinan con otros tantos diamantes blancos de 3 quilates cada uno y mayor tamaño. A todas esas piedras preciosas hay que sumarles otros mil diamantes más ubicados en los bordes. El hilo que los cose (no sé si decir mejor los engarza) también es de 18 quilates.

Debbie Wingham fue asimismo la creadora del vestido más caro del mundo, valorado en la misma cantidad: 15 millones de dólares. Por lo menos, el vestido tendría algo más de tela que justificase tan elevado precio. Digo yo…

Y también elaboró -siempre por encargo- una tarta única para la boda de otro rico muy rico por la que cobró 55 millones de dólares. Lo que no se sabe es sí la tarta estaba muy rica, en el sentido de sabrosa. O si, por el contrario, era incomestible.

Por ese precio, seguramente estaría recubierta de oro, perlas y brillantes. Que entran muy bien por los ojos. Pero, que yo sepa, no por la boca. Son ingredientes duros, sin sabor y resultan difíciles de masticar y aún más complicados de digerir.

De vuelta a las sandalias, puede que haya un par de pies iguales dispuestos a calzarlas. Pero lo que no hay -seguro- es otro par de sandalias como éste.

¿Extravagancia? Sí, sin duda. Pero ¿qué le vamos a hacer? Solo se vive una vez…

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http://www.eleconomista.es/evasion/caprichos/noticias/8748296/11/17/.html

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Las sandalias que se pagan con tarjeta.




Maria Merino 14/2/2018 · #3

#2 Estoy de acuerdo contigo.

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#1 Pues eso. ¿Pensabas que lo habías visto? Absurdo -y si me apuras inmoral- en todos los sentidos.

Un saludo.

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Maria Merino 14/2/2018 · #1

Madre mia !!! 😯😮 Sin palabras,,

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