Logos y símbolos sinvergüenzas.

¡Fuera los complejos!

¡Basta de ocultarse! ¡Se acabó la timidez!

Ya están de vuelta.

Tenía que suceder así. Era una realidad incuestionable. Las marcas vuelven a mostrar a lo grande sus logos y símbolos.

Durante la interminable crisis (que unos dan por acabada y otros tantos no) los poquitos que no vieron mermado su poder adquisitivo prefirieron mostrar su faceta más humana sin hacer ostentación. Las firmas famosas -agudas, listas, rápidas ellas-, captaron enseguida el mensaje y redujeron la presencia en sus productos a unos insignificantes, cuasi esqueléticos, centímetros cuadrados. En un estratégico esfuerzo de minimalismo, las marcas se escondían.

Para mí un logo es la representación gráfica del nombre. La grafía con que se escribe. Por ejemplo, LACOSTE. Un símbolo es el dibujo que representa a la marca: el cocodrilo. ADIDAS es el logo. Las 3 líneas oblicuas paralelas es el símbolo. Símbolo, al mismo tiempo, de capacidad económica y escasez de penurias, ya que hablamos de compañías elitistas.

Durante algún tiempo vestir lujo estuvo algo mal visto. No había que despertar recelos ni remover las conciencias. No se trataba de hacer leña del árbol caído. ¿Fariseísmo de tres al cuarto? En esa discusión no entro. Pero ante los demás, ni era bonito ni molaba vanagloriarse de “tener pasta”.

Ahora, aparentemente, poco a poco recuperamos la normalidad. ¿Pasó lo peor? ¡Ojalá, que así sea! De nuevo a grandes marcas, grandes logos y símbolos. VERSACE coloca su icónica cabeza de medusa en la hebilla de sus cinturones. LOEWE se ha crecido. LACOSTE desfila con un vestido cuyo logotipo recorre sin miedo desde el hombro hasta el muslo. Y KENZO. Y DKNY. Y LANVIN…Hasta GUCCI aumenta los dos: logo y símbolo. Tendencia invertida. Todos sacando pecho. Como el Ave Fénix, logos y símbolos famosos renacen con fuerza de sus cenizas. Y crecen y se crecen sin ningún pudor.

Ahora resulta que en realidad “el tamaño sí importa”. Basta con mirar el calzado de LEVI’S en el escaparate de cualquier zapatería . Este año lleva el logo a su máxima expresión. De puntera a talón. Se ha convertido en “plusmarquista mundial”. Así, a lo grande. Por no decir, a lo inmenso. Aunque para demostrar que se es líder no es necesario decirlo. Basta con contratar dobles páginas de prensa y revistas. O spots más largos. O macrovallas. El líder nunca dice que lo es. No es elegante. Lo elegante es mostrarlo sin pronunciarlo.

¡Qué bien se lo han montado las grandes marcas! Hasta en eso son flexibles. Bien: admito mi complicidad, entono el “mea culpa” por haber aportado mi granito de arena. Y eso que tengo el corazón partido. Como profesional, mi admiración más absoluta; como consumidor, mi rechazo pleno. Siempre he pensado que si me van a utilizar y convertir en un hombre anuncio; en un soporte publicitario más, que me paguen; por lo menos en forma de rebaja de precio. Pues ni por esas: a más presencia de marca, más cara la prenda, el complemento o lo que sea.

Logos que se estiran y se encogen. Reducción y ampliación. El logo loco. El mundo es un péndulo. Siempre oscilante. Vivir para ver…Y después morirse.

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http://www.elmundo.es/yodona/2016/03/11/56ddabd3e2704e62538b45ae.html

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Logos y símbolos sinvergüenzas.