Manuel Bermúdez en Comunicación y Periodismo, Fotógrafos Profesionales, Prensa Periodista - fotógrafo 22/9/2016 · 2 min de lectura · +800

Alegre final del XI Festival Mundial de Salsa, Cali 2016


Por Manuel Tiberio Bermúdez

El público desde temprano ha estado esperando a las puertas de entrada de la Plaza de Toros de Cañaveralejo el momento para ingresar a coger el lugar más favorable para ver en la final a los competidores en tarima.

Hay agite en la Plaza y sus alrededores. La gente va, viene, vocifera, grita, se llaman unos a otros, aplauden sin motivo, y la alegría se desborda en risas que se ven en los rostros del público asistente. Por los espacios de la plaza, cruzan chicas maquilladas con sus vestidos, que más tarde lucirán, al hombro. Más allá, unos bailarines, ensayan sus pasos, en los que tienen centradas las esperanzas de un momento de gloria.

En los alrededores de éste monumental coso taurino, se aburren las estatuas de quienes han dado lustre al lugar y de estar presentes, seguramente no entenderían como de un tiempo acá se han cambiado los destellos de los trajes de luces de los astros de la tauromaquia, por las lentejuelas, canutillos, tacones y mucha alegría, y en vez de ese ballet que dicen los entendidos es el toreo, es una corrida de toros, en el ruedo de la monumental Cañaveralejo, las diferentes expresiones de la Salsa, arrancan no “oles” del público, sino aplausos para festejar la vida, vivas para animar a los mejores de un espectáculo que va más allá, de los límites que traza la geografía de la ciudad.

Más de 3000 artistas mostraron su talento ante el público, que noche a noche, no se cansaba de ver y aplaudir, en la tarima de la Plaza de Toros Cañaveralejo, la excelencia de las parejas, y los grupos que competían en las diferentes modalidades en las que estaban participando.

Cali volvió a ser el norte de turistas provenientes de lugares tan lejanos como Polonia, Francia, México, El Salvador, Estados Unidos, entre otros. Ellos querían admirar a los participantes, aprender de sus giros, saltos y maneras de bailar, pero también asistir a los talleres que les permitirían ejercitarse un poco más sobre ese complejo y bello modo de danzar, que es el estilo caleño.

Nuevamente, se corroboró que Cali es una ciudad que baila, que hace música para bailadores, y que lo hace bien. Lo ratificaron los participantes de las más de 100 escuelas que hay en la ciudad. Lo confirmó el elevado número de grupos y parejas que se inscribieron y la gran calidad y destreza que exhibieron en cada una de sus presentaciones. Lo demostraron las orquestas que participaron en la modalidad Ensamble que presentaron nuevas canciones y sonidos.

El final del XI F