Manuel García Pérez en Comunicación y Periodismo, Libros, Comunicación Online Coordinador, crítico y docente en Secundaria y Universidad. Asesoramiento educativo. • Coordinador de Cultura en Mundiario. Crítico literario. Escritor y docente. 9/10/2016 · 1 min de lectura · +200

Ártico, de Juan de Dios García, un poemario sobre ser aquí y en este instante

Ártico, de Juan de Dios García, un poemario sobre ser aquí y en este instante


Tras dos años de haber sido publicada por Germanía, he querido revisar la inquietante obra Ártico, de Juan de Dios García. Se trata de un poemario que es un legado de una serie de indagaciones literarias que se mezclan con rotundos poemas de una biografía que el autor revisa a través de la enfermedad y la ausencia de los ancestros.

Si algo define a este poemario es su carácter heterodoxo. Planteamientos existencialistas sobre la banalidad del tiempo vivido se unen a poemas borgesianos de biografías legendarias para reflexionar sobre las razones del azar que mueven nuestras conductas y acciones, que agitan los astros, que convergen en un calculado azar para estar donde estamos, para ser aquí y ahora una mínima fragmentación de ese todo: 

La Ciencia lo ha juzgado como loco.

Yo, en el aburrimiento de la tarde,

disfruto fantaseando circunstancias, 

me gusta regresar a sus veinte años

y dispararle una fotografía

con la imaginación, la luz ficticia,

infiel, feliz al paso de dos siglos. (pág. 34)

  Algunos versos de sus poemas más autobiográficos, aunque la escritura siempre es una clase de fingimiento intencionado, lo que paradójicamente la hace más verdadera, me hablan del muchacho que contempla la vida bajo la autoridad de los libros y de ese testimonio instintivo que es la realidad en su versión más depredadora y tenaz:

En la soledad nadie puede herirme

La noche estira el frío hasta esta cala.

Tengo puesto el abrigo con que enterré a padre

y gritan las gaviotas

en la oscuridad del acantilado.

La soledad pegada a los zapatos.

Las olas suicidándose ante la indiferencia del escollo.

Territorio fantasma, geografía perdida.

Los sueños no aparecen en los mapas.

La vida no es más que una

comedia de argumentos excelentes,

hotel del fin del mundo

en mitad de una calle con vistas al pasado.

La cocaína amarga, como yo.

¿Quién estará pensando en este mismo

instante, al otro lado del planeta,

en esta soledad?

Simplemente se trata de cerrar

puertas, abrir ventanas. No es la vida

una ciencia precisa. (pág. 41)

  Cuando Herzog leyó las Geórgicas de Virgilio y valoró la importancia que la tierra tiene para el sustento de la vida humana, decidió rodar un documental en la Antártida, Encuentros en el fin del mundo, porque es la tierra menos explorada, donde el terreno cobra su valor verdaderamente abrupto y agreste, sin apenas agitación humana directa. Creo que Juan de Dios García ha hecho la misma maniobra y Ártico es la prueba de un viaje subterráneo hacia los recovecos de una misteriosa existencia que nos defrauda cuando la realidad es tan soberbia que maltrata a los seres queridos porque es el escorpión sobre la rana que cruza hasta la otra orilla.

  Una exploración de fuertes contrastes entre lo que proviene de los textos y lo que relata la experiencia confunden al lector en un fabuloso aleph que margina el tiempo real y sus temidas podredumbres para recuperar nuestros fantasmas literarios y carnales. Pero el poeta no olvida que son las podredumbres del tiempo real las que construyen los escenarios de ese Ártico intangible:

El llanto de un bebé es arqueología, 

las palabras me escriben y las calles me pisan. (pág. 45)

La literatura, su literatura, parece cobijarlo en una escéptica manera de mirar al mundo que lo protege de esas raíces dolorosas que nos atan a demasiados Árticos, como escribe Antonio Laforque en el prólogo de la obra, aunque yo discrepe de ese final con el que cierra:

Y la nieve es el palimpsesto perfecto. 

Bien pensado, no es mal sitio para quedarse a vivir. (pág. 10)