Manuel García Pérez en Comunicación y Periodismo, Libros, Comunicación Online Coordinador, crítico y docente en Secundaria y Universidad. Asesoramiento educativo. • Coordinador de Cultura en Mundiario. Crítico literario. Escritor y docente. 27/9/2016 · 1 min de lectura · +200

David de Juan Marcos rinde un tributo a Cortázar en La mejor de las vidas

David de Juan Marcos rinde un tributo a Cortázar en La mejor de las vidas


La mejor de las vidas, novela escrita por David de Juan Marcos y publicada por HarperCollins, destaca por su lenguaje brillante, a veces demasiado efectista, que rinde un tributo personal a Rayuela. Se trata de una historia sobre el hecho de vivir, pues la enfermedad, los enamoramientos, los viajes, las cartas de amor, los ideales de la adolescencia, entre otros motivos temáticos, confluyen en una serie de breves capítulos en los que Nico indaga sobre los mensajes cifrados que se ocultan en la propia experiencia del existir.

Encandilan algunas metáforas brillantes, especialmente cuando se describe el enamoramiento de Nico con algunas jóvenes en diferentes viajes. Sin embargo, tras esa euforia, la obra abunda en una sensación de derrota cuando la desaparición del hermano de Nico es continuamente evocada a través de la cotidianeidad de la que se arma la vida.

Es evidente que David de Juan Marcos ha interiorizado perfectamente ese lenguaje colorista y abigarrado del realismo mágico a través de autores como García Márquez e Isabel Allende. Esa influencia literaria, si bien absorbe en muchas ocasiones el dinamismo narrativo de las historias, también convierte a la novela en un particular tributo a Rayuela, la novela puzle de Julio Cortázar. La mejor de las vidas no deja de ser un testimonio de vida, una búsqueda de ese ideal exitoso con el que Nico quiere ver cumplidas sus expectativas del amor y de la creación y que persigue para hacer suyo el mensaje de aquellas memorias de Neruda, Confieso que he vivido.

Formalmente, la novela destaca por ese carácter ecléctico de autobiografía, epístola y memorias, que convierten a este trabajo en un ejemplo inusual de narrativa, que solamente en Atxaga o Manuel Rivas se atreven a explorar. Ese adiestramiento en el realismo mágico juega a veces en contra de la evolución de las historias, pues cuesta seguir la lógica del relato cuando la forma predomina sobre los motivos y las secuencias, pero también el autor persigue esa clase de caos como, en su momento, hiciera Cortázar en Rayuela: capítulos que pueden leerse de forma independiente y que, unidos en una lógica detectivesca, conducen a un mensaje global, lleno de euforia y encantamiento.

Y precisamente La mejor de las vidas es eso. Un crisol de experiencias insondables, un relato que identificamos con la vitalidad y el desencanto de un adolescente, Nico, que busca también en la literatura y en el amor razones para superar los miedos de una infancia desolada por la desaparición de su hermano. La mejor de las vidas es también la historia de la evolución de un personaje que atribuye cualidades literarias a los hombres y mujeres que pasaron por su vida, y que no sabe qué forma parte de la realidad vivida y de esa literatura que va impregnando cada página como forma de evadirse de todo lo que teme y le socava.






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