Manuel García Pérez en Comunicación y Periodismo, Libros, Comunicación Online Coordinador, crítico y docente en Secundaria y Universidad. Asesoramiento educativo. • Coordinador de Cultura en Mundiario. Crítico literario. Escritor y docente. 9/10/2016 · 1 min de lectura · +500

'La primera vez que no te quiero', de López Mondéjar: la fragmentación como género

'La primera vez que no te quiero', de López Mondéjar: la fragmentación como género


Durante años la narrativa de Lola López Mondéjar ha profundizado en una prosa donde los referentes literarios eran explícitos, dejando, sin embargo, una profunda y personalísima hechura en su forma de decir. En su nueva novela, La primera vez que no te quiero,  la fragmentación de la estructura, donde se entrecruzan diversos discursos a modo de reflexiones y de descriptivos pasajes emotivos y simbólicos, deja constancia de una voz auténtica, sin herencias, salvo la que domina desde su esencialidad, desde su propia esencialidad literaria, la que resume, nada más y nada menos, su concepción vital, aquella que la memoria de la autora activa, buscando en los recovecos de lo expresivo, de lo  sobrecogedor, una manera de estar en el mundo.

La primera vez que no te quiero, editada por Siruela, indaga en la supervivencia de Julia o Giulietta, o Lía, en una realidad política y social que cambia paulatinamente y que la protagonista percibe como un proceso de revelación continua porque las verdades impuestas tienen el fatídico don de la controversia y la falacia, porque el aprendizaje necesario se fuerza en la confusión del amor, en la obsesión, en los temores de la infancia, en los fecundos símbolos de los paisajes y de la casa.

Los viajes por ciudades europeas emblemáticas, donde se confunde la realidad con la ensoñación de un espacio para huir y para morir, la sensualidad de Paolo, la sórdida y creativa figura de El Señor Oscuro en el descubrimiento del sexo como transgresión de las normas y la lucha contra el lastre de las convenciones establecidas (que lapida la creatividad y la libertad de las conductas inspiradas en el sano error de los enamoramientos) nos descubren una narrativa fijada en la autobiografía como fingimiento de una vida, que no es la de la autora, sino la vida de muchos lectores que buscan, frente a modas nocivas, la reconciliación con esa literatura que expresa emotividad, realidades complejas sobre los comportamientos, estímulos sensoriales afines a nuestra forma de entender la posmodernidad y el desengaño de sus utopías.

Lo que destaco de la novela es la dinámica de su estructura,  basada en breves fragmentos donde la intensidad gana a la narración prosaica y evidente de los hechos, porque lo sentimental, lo estimulante desde la reflexión y el recuerdo, adquieren la relevancia significativa del relato. Recordándome a las obras de John Berger o a los cuentos de Pasajes de Castle Road, de Alice Munro, lo que trasciende en la prosa de López Mondéjar es esa búsqueda en la tradición del Psiconálisis para profundizar en la sintomatología afectiva y desasosegante que experimentan sus personajes.

Sin duda, hay una clara y resuelta espontaneidad ahora en esta novela que nos informa del avance en la escritura de López Mondéjar; la autora ya no necesita el ornamento, ni la recurrencia elevada a la técnica, pues ahora lo vital y lo sensitivo predominan por encima de la forma, sin dejar de ser forma, sin dejar de adentrarnos en la solitaria búsqueda de la felicidad que Giuletta evoca con su presencia en un mundo lleno de perplejidades, de querida vida.