Manuel García Pérez en Comunicación y Periodismo, Profesores y educadores, Comunicación Online Coordinador, crítico y docente en Secundaria y Universidad. Asesoramiento educativo. • Coordinador de Cultura en Mundiario. Crítico literario. Escritor y docente. 24/9/2016 · 1 min de lectura · +500

No existe la escuela inclusiva, sino el lenguaje engañoso de algunas pedagogías

No existe la escuela inclusiva, sino el lenguaje engañoso de algunas pedagogías

Un vocabulario lleno de eufemismos oculta el fracaso intencionado de un sistema que pensaba más en la sobreprotección y en la motivación del alumno que en su defensa ante una sociedad cada vez más competitiva. Y este sistema educativo ni ha protegido, ni ha motivado. Todo lo contrario.

Porque el disgusto viene cuando, pasados los años, los resultados siguen siendo igual de desastrosos en un contexto social más derrotista y depresivo. Aún así, las nuevas leyes siguen pasando por la incorporación de tecnicismos y criterios pedagógicos, cuyo contenido no es capcioso siquiera, sino que no existe: estándares y rúbricas son la tendencia evaluadora ahora mismo dentro de un sistema en el que se quiere inventar la pólvora, pero que choca una y otra vez con unos niveles de enseñanza bajísimos en cuanto a contenidos y destrezas.

Por qué. Porque la educación se ha convertido en un negocio, y su fracaso también. Porque la educación distingue y da prestigio en unos casos y, en otros, genera la guetificación de un alumnado, especialmente en la Pública. Si la educación debe ser inclusiva, admitimos por lógica que existe la exclusiva y la exclusiva es la que destaca sobre el resto, porque se aleja de las rúbricas, los estándares, la motivación, el emprendimiento y otras chorradas semánticas.

Nos han engañado; la educación inclusiva es para los pobres y para los hijos de las clases medias que se dejan la piel en el trabajo. La educación inclusiva es de siervos. En efecto. Porque existe una educación exclusiva, la de los hijos de los Pujol, la de los colegios privados y concertados donde va la prole de mucho profesor de la Pública, donde van también los hijos de todos los políticos recién llegados (de derecha e izquierda). Colegios que se anuncian en la radio, en la televisión, en carteles por todas las autopistas de España.

Cuando usted vea que al colegio de su barrio, al público, a ese colegio que yo admiré siempre, en el que estudiaron algunos de nuestros padres, los que pudieron, van los hijos de los políticos, tranquilícese. Buena señal. Pero no es así.

Los políticos que nos siguen vendiendo las bonanzas de la LOGSE junto a sus pedagogos lameculos, envían a sus hijos al extranjero para que aprendan Protocolo y mucho francés y alemán. Y, si no es así, pregunte por Wert y por algunos ministros socialistas que jamás pisaron un aula de la Pública. Y tampoco su prole.

Nos hacen comulgar con piedras de molino a muchos docentes. Las gestoras educativas y una pseudopedagogía, más cercana al coaching que a la verdadera razón de las tareas educativas, que no es otra que enseñar, han diseminado sus esporas por todo el tejido educativo; desde las leyes hasta las propios claustros de profesores.