Manuel García Pérez en Comunicación y Periodismo, Libros, Comunicación Online Coordinador, crítico y docente en Secundaria y Universidad. Asesoramiento educativo. • Coordinador de Cultura en Mundiario. Crítico literario. Escritor y docente. 9/10/2016 · 1 min de lectura · +100

Un tributo: Duermevela, un poemario heterodoxo del desaparecido Eduardo García

Un tributo: Duermevela, un poemario heterodoxo del desaparecido Eduardo García


Me cuenta el poeta Ramón Bascuñana,consternado, que ha muerto Eduardo García, a los 51 años, y yo que, apenas lo conocía, salvo por algunos poemas sueltos y separatas, decido leer Duermevela, uno de sus poemarios más significativos, publicado en Visor. 

La poesía de Eduardo García es una poesía torrencial, llena de encabalgamientos y de versos dotados de un ornamento modernista, con un ritmo vertiginoso que, sin embargo, repara en la hondura de las carencias humanas, en la inutilidad del sufrimiento y en una visión paródica de la muerte que no le resta tragicidad y dramatismo a algunas de sus metáforas.

  El barroquismo de Eduardo García no es superficial. No dejo de ver en esta voz la influencia de César Vallejo y de Octavio Paz, porque hay fuerza en el hecho de nombrar el mundo, una fuerza sonora que es trasunto de la energía telúrica que desprende la vida misma, sus entrañas, su vorágine de imágenes donde el poeta no es un mero contemplador: "A lo peor mi sombra se oscurece, se emborrona, se nubla, se amontona, se arremolina en su tiniebla y se alimenta de mi piel y mi voz y mis tejidos, de solitarias glándulas, de túneles calientes, de vértebras y cauces, de órganos simétricos, y mi sombra asomándose a la luz se cansa de ser sombra, se incorpora, se apodera del cuerpo en un descuido, palidece en su nueva densidad, (...)" (pág. 33).

  Eduardo García rescata la palabra como invocación de ese mundo abisal y abismal que se engendra más allá de nosotros y después de nosotros. El lector debe recomponer ese sortilegio de invocaciones y, en ese hecho de descodificación, subyace el impresionismo de su poesía, pues el receptor no halla un único mensaje, sino un crisol de experiencias simultáneas que obligan a considerar el texto una y otra vez: "También la piel soñada se remansa en caricia con su tacto de brisa, tan liviano, subterráneo fluir, entretejida transparencia, el vapor de unos labios distantes que se posan como besa el rocío, salvando el horizonte, el eco de sus agua