Maria Luisa Gallego Bravo in Tecnico Auxiliar de Enfermería, Salud, Psicólogos Coordinadora de un centro de Estancias Diurnas Apr 28, 2020 · 5 min read · +900

PREVENCIÓN DE DROGAS EN ADOLESCENTES

      El objetivo de este artículo es ofrecer información a otros profesionales y a padres, así como unas pautas muy básicas para abordar la prevención de drogas en adolescentes dentro del contexto familiar. El consumo de drogas constituye en la actualidad uno de los principales problemas de salud pública de los países desarrollados, repercutiendo a nivel económico como personal, familiar y social. La prevención del consumo de drogas, puede ayudar a hacer a la población más consciente de estos daños y disminuir así los riesgos que conllevan.


        La prevalencia del consumo de drogas actualmente en España es elevada, especialmente en los más jóvenes. En concreto, según el Observatorio Español de la Droga y las Toxicomanias y teniendo en cuenta los datos de la Encuesta sobre Uso de Drogas en EnseñanzasSecundarias en España (ESTUDES, 2018/2019), realizada a población entre los 14 y 18 años de edad, podemos observar que durante el año 2019 el alcohol, tabaco y cannabis fueron las drogas más consumidas. En el año 2019 un 77,9%, 41,3 y 33% de los encuestados dice haber consumido alguna vez en su vida alcohol, tabaco y cannabis, respectivamente. El consumo de estas sustancias en el último mes se había producido en un 58,5% en el caso del alcohol, 26,7% había consumido tabaco y 19,3% cannabis.

         La prevención engloba las intervenciones dirigidas a la reducción o eliminación de aquellos comportamientos o factores de riesgo para el desarrollo de algún tipo de enfermedad. Siendo más concretos, podemos definir la prevención en el ámbito de las drogas y problemas relacionados como la acción y el efecto de las estrategias, programas e intervenciones diseñados con el objetivo de cambiar los determinantes individuales, sociales y ambientales que promueven el uso de drogas, así como los problemas y daños relacionados con dicho uso que se experimentan en el ámbito individual, familiar, escolar, comunitario etc. 

          El consumo de bebidas alcohólicas suele iniciarse en la adolescencia y progresa lentamente, aumentando la probabilidad de constituir un problema hacia la mitad o final de los veinte años. En concreto, en España el inicio del consumo suele darse en la mayoría de casos en la franja de edad de 13 a 15 años, aunque el riesgo de iniciar el consumo de drogas, abarca todo el curso del desarrollo adolescente. Este consumo se asocia fundamentalmente al ocio y tiempo libre durante los fines de semana y a ciertos reforzadores positivos, como el beneficio a nivel social.  Por tanto, los objetivos concretos que pretende conseguir la prevención de drogodependencias son los siguientes:

        • 1. Retrasar la edad de inicio del consumo de drogas.
        • 2. Aumentar los factores de protección y disminuir los factores de riesgo para el consumo de drogas.
        • 3. Reducir las conductas de riesgo en relación al uso de drogas.
        • 4. Modificar las conductas del entorno sociocultural y proporcionar alternativas de vida saludables.
        • 5. Reducir los problemas relacionados con el uso de drogas. El objetivo principal y realista es que las personas retrasen el consumo, hagan solo consumos esporádicos o no las llegue a consumir.

        Factores de riesgo y protección en el ámbito familiar

             Para poder realizar actividades de prevención, debemos tener en cuenta los factores de riesgo y protección. Los factores de riesgo son aquellas circunstancias personales o ambientales, que combinadas entre si podrían resultar predisponentes o facilitadoras para el inicio o mantenimiento del uso y abuso de drogas. Los factores de protección son aquellas variables que contribuyen a modular o limitar es decir, disminuyen la probabilidad el uso de drogas. Los factores de protección atenuarían la presencia de los riesgos, reduciendo la probabilidad del uso de sustancias contribuyendo al buen desarrollo psicológico y físico del menor.

            La adolescencia es un periodo evolutivo en el cual se da un importante desarrollo físico, psicológico, social, emocional y académico, en la que destaca la búsqueda de autonomía e independencia. A través del análisis de estos factores podemos analizar grupos o individuos que se encuentran en situaciones de riesgo en relación al consumo y/o abuso de drogas y que precisan intervenciones específicas.

             La familia es el elemento esencial en la socialización y ejerce un papel fundamental en los procesos de desarrollo cognitivo, emocional y social. Por tanto, puede ejercer un rol protector inculcando valores y estilos de vida saludables, así como prevenir problemáticas derivadas de la salud mental, carencia de competencias sociales, fracaso escolar u otros problemas conductuales que constituyen factores de riesgo para el uso/abuso de sustancias. El consumo drogas se relaciona con el aprendizaje de normas y el respeto a estas, por lo que la familia constituye en núcleo iniciador de este proceso. Por otro lado, el contexto familiar puede también contribuir a la existencia de un mayor número de factores de riesgo que propicien el consumo temprano de drogas. Esto se llevaría a cabo a través del modelado, refuerzos positivos de conductas de riesgo o la inconsistencia en la disciplina familiar, que ejercen su influencia en la personalidad y las conductas de riesgo del menor.

             Existen investigaciones que corroboran el papel del contexto familiar a través de varias variables. En primer lugar, se consideran variables relevantes las relacionadas con el ambiente y composición familiar, como por ejemplo la convivencia en una familia monoparental o la convivencia con hermanos. Siendo estos últimos, de forma general un factor de protección respecto al consumo de tabaco y de alcohol.

            También se ha demostrado la importancia de la existencia de normas explicitas de convivencia familiar, la vinculación afectiva y la comunicación familiar como factores de protección, siendo predominante un patrón de comunicación deficiente, caracterizado por la desconfianza y la incertidumbre en los adolescentes que comienzan a consumir de forma temprana. Así mismo, el consumo temprano de drogas se asocia a una peor comunicación dentro de la familia del menor.  Asociado a la comunicación deficiente, podemos encontrar un ambiente conflictivo y las relaciones afectivas entre padres e hijos. Estos son considerados como un factor de riesgo para el consumo de drogas en adolescentes, siendo menor el consumo de alcohol cuando existen buenas relaciones familiares. Desde la perspectiva del menor, una percepción negativa de las relaciones familiares, la escasez de comunicación y sentimientos de desvinculación pueden ejercer un poder facilitador en el inicio e incluso en el mantenimiento de conductas de riesgo como el consumo de drogas.

             Las actitudes y conductas familiares poco negativas hacia el consumo de drogas pueden llegar a actuar como un incitador del consumo. Se ha comprobado que los adolescentes consumen menos tabaco y alcohol cuanto mayor es la decepción de la familia ante el consumo. La educación preventiva recibida, incide en el patrón de consumo de drogas, disminuyendo su consumo ante normas familiares bien establecidas respecto al uso de drogas.

             Por último, otro de los aspectos más importantes el tipo de crianza, siendo el tipo de crianza permisiva la que es considerada como un factor de riesgo para el consumo de alcohol. El estilo educativo, se hace patente a través de prácticas de socialización que se trasmite al niño, así mismo es una fuente de aprendizaje para relacionarse con los iguales. Los patrones educativos en los adolescentes que consumen drogas de forma habitual se caracterizan por reglas flexibles, poco definidas y carentes de castigo si se incumplen. Por tanto, los déficits de los padres en pautas de crianza y educación aumenta la probabilidad de que el consumo de drogas se lleve a cabo a una edad temprana. Por el contrario, un estilo de crianza democrático es predictor de un menor consumo de drogas legales, sobre todo en el consumo de tabaco. La supervisión parental, el fomento del autocontrol y la toma de decisiones por parte de los hijos son factores de protección ligados a los estilos de crianza.

             Todo esto, nos lleva a determinar unos objetivos claros en el contexto familiar. Los objetivos principales serán contribuir a facilitar los cuidados físicos y psicológicos adecuados, mejorar e incrementar el conocimiento de las familias acerca de las características del desarrollo de los menores, potenciar las habilidades familiares que fomenten interacciones y pautas de comunicación positivas y asertivas, aplicando un estilo de crianza adecuado, reduciendo los conflictos intrafamiliares, y promoviendo las habilidades que faciliten actividades prosociales y habilidades cognitivas y académicas de los menores.

           En resumen, podemos extraer tres conclusiones acerca de los factores familiares que afectan al consumo de drogas en menores:

              • 1. El vínculo entre los padres y el menor, basado en una comunicación asertiva dentro del hogar, disminuye la probabilidad de que los adolescentes consuman drogas,
              • 2. Un estilo educativo inadecuado y no adaptado a las necesidades del menor se relaciona con el consumo de drogas,
              • 3. La relación entre la ingesta de drogas por parte de los padres y las actitudes positivas o negativas hacia estas se relaciona con el consumo por parte de los adolescentes.

                     No obstante, es necesario destacar que el consumo y el abuso de drogas no se limiean solo al ámbito familiar, sino que es el resultado de la intervención conjunta de diferentes factores y variables de forma global. El número de factores está relacionado directamente con la probabilidad del abuso de drogas.

                     Existe un gran debate sobre que ejerce una mayor influencia en la conducta del consumo en la adolescencia, si la familia o el grupo de iguales. Esto es debido a que el grupo de compañeros va sustituyendo progresivamente a la familia como referente y las relaciones con compañeros de la misma edad pasan a ser prioritarias. La familia tendría una influencia indirecta sobre la conducta del consumo, es decir la familia será más influyente en los objetivos a largo plazo del adolescente, por ejemplo sobre aspiraciones educativas. En cambio, la influencia del grupo de iguales estaría más relacionada con la conducta inmediata.

                  Recomendaciones para la prevención de drogas en el ámbito familiar

                     En relación con la evaluación del menor, como profesionales garantizaremos su confidencialidad en la entrevista, evitando juicios de valor, a la vez que transmitimos mensajes claros y firmes sobre los riesgos que puede estar asumiendo y que aspectos nos preocupan de su conducta. Adaptaremos las preguntas, dejando que el o la menor nos dé permiso para explorar aspectos de su intimidad. La denominada alianza terapéutica, es fundamental. Junto a esto debemos favorecer un acercamiento flexible, siendo profesionales cercanos y dando confianza al adolescente para que pueda recurrir a nosotros si cree que necesita ayuda en un futuro.

                    Debemos prestar especial atención a los adolescentes que presenten un alto riesgo de consumo, como los que tienen una baja autoestima y/o carecen de habilidades sociales, baja empatía, poco control de impulsos, viven en una situación familiar conflictiva, observamos una conducta frecuente de mentira y carencia de control de impulsos y/o que tengan antecedentes de consumo propio o familiar importante. Podemos aprovechar una consulta para explorar otras áreas de salud, sobre todo las relacionadas con conductas de riesgo más frecuentes en los jóvenes. Si el menor ya tiene un trastorno psicológico de base (por ejemplo TDAH, trastorno de conducta, trastorno depresivo mayor o trastornos de aprendizaje) o fracaso escolar, podemos incluir la prevención de drogas en el tratamiento principal.

                    Como profesionales debemos ser capaces de detectar y ayudar a padres y madres que tengan alguna preocupación en relación la (posible) conducta de consumo de sustancias de sus hijos. Para ello debemos conocer, con la mayor precisión posible, las preocupaciones de los padres en relación a esa conducta. Junto a esto identificar antecedentes y dar la oportunidad de que expresen su preocupación y sus razonamientos. Debemos evaluar la dinámica que existe dentro del núcleo familiar, las normas, los límites y su aceptación, información el tipo de crianza, así como sobre el conocimiento de las relaciones sociales del menor y su ocupación del tiempo libre, la adaptación en los estudios y si ha experimentado algún cambio en los últimos meses. 

                    En relación a las pautas de relación de los padres con los hijos, se intentará individualizarlas todo lo posible, a continuación exponemos unas propuestas de trabajo general:

                          • La primera recomendación, es no abordar el tema del consumo de sustancias cuando surja un conflicto o en un ambiente hostil, sino que se aborde en un momento posterior, contextualizando los hechos. Si es necesario, posponer la situación de diálogo pasado un tiempo.
                          • Es preferible exponer la preocupación y dar la oportunidad de conocer su opinión y expresarse de forma libre. No se debe interrumpir ni juzgar al menor. Así mismo, hacer entender al adolescente que podrá recibir ayuda y que cuenta con el apoyo familiar.
                          • Clarificar las normas de conducta internas, mantener una posición firme y acordada previamente. Establecer algunas normas mediante consenso (por ejemplo la hora de vuelta a casa) y reforzar o sancionar la conducta del adolescente con respecto a estas.
                          • Crear un ambiente de confianza dentro del núcleo familiar, es fundamental para que un adolescente se exprese y se sienta cómodo hablando de ciertos temas. Compartir responsabilidad y confianza, dejándoles ser partícipes de ciertas decisiones familiares, razonando con ellos la toma de decisiones.
                          • Es imprescindible no censurar su conducta, ni moralizar los mensajes que tratamos de trasmitirle (no ser demasiado dramáticos con nuestros mensajes), debemos señalar los posibles riesgos para que sean conscientes de ellos, sin parecer alarmistas. Fomentar conversaciones en las que predomine el respeto mutuo.
                          • Expresar cariño y comprensión hacia los hijos, y aceptarles tal y como son y no como nos gustaría que fueran. Valorar ciertas cualidades y sus esfuerzos, no sólo basándonos en los resultados.
                          • Asignarles responsabilidades en base a su edad en tareas de la casa, intereses y disponibilidad, participando todo el conjunto familiar. 
                          Por último, os dejo un vídeo ilustrativo sobre la importancia de la comunicación hacia los adolescentes. En este vídeo se exponen dos formas de abordar una misma situación con una adolescente que está teniendo sus primeras interacciones con el alcohol. Espero que os ayude a ilustrar mejor estas pautas y os sea de utilidad en vuestro día a día.
                          PREVENCIÓN DE DROGAS EN ADOLESCENTES


                          Referencias Bibliográficas.