Mariana Onpre en beBee en Español, hablando de viajes, Viajes 11/1/2019 · 2 min de lectura · +200

Tres cosas que aprendí viajando en avión

La primera vez que viajé en avión tenía siete años. Recuerdo que ya desde antes de ese primer despegue yo quería saber más sobre los aviones: estaba convencida de que volar en avión era lo máximo. :) 

Tres cosas que aprendí viajando en avión

Este sentimiento aún me acompaña. 

Disfruto el viaje desde que saco pasaje hasta que entrego los pequeños regalos que traje para la gente que quiero. Piedras para Alejandra, tés exóticos para Susana, adornos para colgar para Vanesa, remeras alegóricas para los hombres de la familia y alguna lata de alimentos o condimentos típicos del país para mamá.

Cada viaje es único y cada vuelo también. Todavía me extrasío mirando el paisaje y saco 100 fotos desde la ventanilla, como una primeriza.

Desde aquel primer vuelo cuando era apenas una niña tuve la dicha de viajar en avión muchas otras veces, a múltiples destinos. Vuelos cortos, de pocos minutos y vuelos eternos de una y dos escalas. Vuelos trasatlánticos cargando inmensas valijas y algún vuelo tan liviano de equipaje que con una cartera grande alcanzaba.

Y de esas experiencias aprendí muchas cosas que son válidas para los viajes y la vida en general. De esas lecciones, hoy rescato tres.

1. Lo primero que quiero mencionar es que en dos, no una, dos oportunidades, perdí el vuelo.

Una vez llegué tarde al aeropuerto. Mea culpa: era muy joven, inexperta y salí con el tiempo muy justo. No tenía idea de qué tan lejos quedaba el aeropuerto y el tráfico me jugó una muy mala pasada. Nota para lectores desprevenidos: la hora pico del DF mexicano es terrible! 

Otra vez tenía que hacer combinación en Santiago de Chile y mi primer vuelo salió tarde. para cuando llegué al mostrador de embarque del segundo vuelo ya habían cerrado la lista.

La lección que me dejaron esas dos experiencias es que si vos no estás, no importa, el avión se va igual. Entonces, la primera lección fue: la puntualidad, importa. 


2. Uno carga con el abrigo, la cartera, la valija pequeña con las cosas valiosas y la grande llena de kilos y kilos de cosas que quizá no use en todo el viaje. Luego abona excesos de equipaje; se pelea con la empleada de la aerolínea para que no le despachen el bolsito de mano en la bodega, aunque, sí, pesa 13 kg cuando el máximo es de 8kg... "Pero bueno, señorita, sepa entender que esas mermeladasde frutos que en casa no se consiguen estaban a muy buen precio!"

Luego en el destino uno pierde minutos preciosos esperando la valija junto a la cinta (si es que llega de vuelta a nosotros...) y se amarga de ver que los viajeros con experiencia suben al avión con una valija de mano pequeña y se ahorran infinidad de molestias. 

La segunda lección es: Siempre es mejor viajar liviano. 

Y aplica para todo en la vida: viajemos la vida livianos de amarguras, de rencores, de mandatos familiares y problemas ajenos. Llevemos con nosotros lo indispensable: una sonrisa grande y abrazos para la gente que nos quiere de verdad.


3. Finalmente, llego a la lección más valiosa. Si prestás atención a las instrucciones para casos de emergencia, la regla es asegurar la máscara de oxígeno que le corresponde a uno mismo antes de hacer nada más. Incluso si viajás con niños pequeños, dice la guía que lo más urgente es ponerte vos la mascarilla. Porque, claro, si perdés la conciencia después no vas a poder ni salvarte ni ayudar a nadie más... 

Como dice el viejo dicho, la caridad empieza por casa. Hay que ayudarse a uno mismo antes de ayudar a los demás.

¿Qué cosas valiosas para la vida te han enseñado los viajes?

Les deseo muchos y muy lindos vuelos. Y mejores aterrizajes. ;)