Mª Eugenia de la Cruz Palacios. Nube Didáctica en Emprendedores y Empresarios, Recursos Humanos, Formadores/Capacitadores Diseño Instruccional y desarrollo de proyectos e-Learning. Formadora en Competencias Digitales. • Nube Didáctica 9/2/2018 · 2 min de lectura · 5,0K

El avatar es en eLearning, lo que “el tipo” en el Carnaval de Cádiz.

El avatar es en eLearning, lo que “el tipo” en el Carnaval de Cádiz.


Febrero de papelillo y coplas. Cádiz canta.


Ese es el contexto que me envuelve cuando anotaba todas las características que necesitaba reunir en un avatar para un curso que diseño. Y me doy cuenta que no diseño un avatar, no. Estoy dando vida a “un tipo”.


“El tipo” no es un disfraz, es una actitud. El avatar debe transmitir una actitud.

Según la periodista Ana Barceló en “El tipo en el Carnaval de Cádiz. Propuesta para una catalogación”, “el tipo es la encarnación de una idea, está impregnado de carácter. Esconde una historia, la de una ciudad y la de sus hombres y mujeres”.

De esa forma, hay que dotar al avatar de un carácter, debe reflejar la manera de pensar y actuar de una colectividad (grupo de alumnos destinatarios de una acción formativa) y por lo que se distingue de los demás. También esconde una historia, la del sector profesional del alumnado al que se dirige.

Por ejemplo, el avatar para un curso de “Mediación Cultural”, tiene que tener un carácter empático, agradable, solidario, comprometido socialmente, afectuoso, conciliador. Y su historia debe reflejar y tener en cuenta todas las condiciones socio-laborales favorables y desfavorables de esa profesión. Sólo así podrá conectar emocionalmente con el alumnado. No será un muñeco que habla, sino un recurso que facilita y guía el aprendizaje y con quien el alumnado se identifica.

A modo de anécdota y salvando las distancias, me viene a la mente Hiro Hamada, el chico de la película “Big Hero 6″. Cuando la vi con mi sobrina pequeña, ella me decía que si ese muñeco fuese un niño “de verdad”, se enamoraría de él cuando fuese mayor. Ya sabemos las inversiones tan enormes que esa industria hace en diseño y cómo cuidan y perfilan cada gesto al detalle para lograr esa conexión emocional.

No hace falta que invirtamos una millonada en el diseño del avatar, pero sí tiempo y dedicación en definir la actitud de “el tipo”. Y reflejar esa actitud en su vestuario y en su manera de mirar, de hablar, de moverse,…

“El tipo” transmite bien esa actitud cuando la construye, la asimila, la aprehende, la hace suya.

 

 “El tipo” es relevante en la sociedad en la que surge. El avatar debe ser relevante para el tema y el curso en general.

La palabra clave aquí sería Contextualización. Aparte de esas características de “el tipo” derivadas de su actitud, luego existen unas circunstancias externas que le influyen y que vienen determinadas por el momento político, social y económico en el que nace. Y esas circunstancias le dotan de sentido, a veces son su razón de ser y a las que debe su existencia.

El avatar de un curso, también tiene que dar respuesta a las necesidades reales del alumnado que vive y desarrolla su profesión en un contexto y entorno determinado. Debe ser fácilmente reconocible por el alumnado.

Por ejemplo, nuestro avatar para un curso de “Mediación Cultural” destinado a trabajadores sociales de un centro cívico en un barrio, no podrá expresarse igual ni podrá satisfacer las necesidades formativas de la misma forma que el avatar para un curso sobre “Competencia Digital” destinado a los directivos de una gran empresa.


   “El tipo” guía, narra, involucra. El avatar también.

“El tipo” está relacionado con el repertorio de las agrupaciones que le dan corporeidad y que a través de la sátira y el doble sentido hacen un recorrido por los asuntos políticos y sociales de la actualidad.

La narración siempre ha estado ligada al proceso de aprendizaje. El avatar puede usarse para introducir módulos y unidades didácticas y así acompañar al alumnado en su recorrido por el curso; para ofrecer ayuda y consejos para afrontar una tarea compleja; para narrar ejemplos que ilustren el contenido.


   “El tipo” repite un estribillo para fijar una idea. El avatar debe procurar la asimilación y retención de conocimientos.

El avatar debe procurar la asimilación y retención incluyendo preguntas de vez en cuando para llamar la atención sobre ideas claves que pueden ser importantes, y para mantener los conceptos en la mente del alumnado.

En definitiva, “el tipo” es exclusivo del Carnaval de Cádiz. Y el avatar suma un valor a los contenidos didácticos y al proceso de aprendizaje si tenemos en cuenta todo lo comentado.

¡¡¡Viva el e-Learning y viva el Carnaval!!!


Post publicado originalmente el 4 de febrero de 2016 en mi blog


María Eugenia.....me encanta

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#2 Gracias @Vega 🐝 Gómez Hernández. Fíjate, sien embargo yo no tengo ningún avatar mío. Y en cuanto al Carnaval, acaba de empezar y aún nos quedan muchos días por delante. Algún año te debes animar ;-)

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#1 Gracias @Carmen Juanes Luis. Totalmente de cuardo contigo. Hay que tener presente en todo momento al alumno y a todas sus circunstancias para adaptar la formación a sus necesidades. Por eso nunca hay dos cursos iguales. ;-)

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Qué bien piensas y qué bien transmites @Mª Eugenia de la Cruz Palacios. Nube Didáctica 😃
Quizá por las fechas en las que escribiste el artículo empecé a utilizar a “Veguchi”, mi avatar.
Es bastante versátil como buena Géminis que yo soy, pero estamos formando un buen equipo entre las dos.
Felicidades por el artículo y apura hasta el fondo el Carnaval 😉

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Carmen Juanes Luis 9/2/2018 · #1

Que forma más original, clara y sencilla de definir el avatar @Mª Eugenia de la Cruz Palacios. Nube Didáctica. Yo también creo que la clave es la contextualización y en la misma no podemos olvidar, además de las características de “el tipo”, las circunstancias externas y por supuesto las necesidades reales del alumnado en función de su propio entorno y contexto.
En mi opinión, debemos buscar el equilibrio entre perfil profesional/perfil formativo/perfil real del alumnado al que se dirige la acción formativa.

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