Paola Torres in Cuidado Personal Mujer, Moda Mujer Aug 17, 2019 · 1 min read · ~100

Una reflexión sobre las motivaciones para las prácticas de belleza en el embarazo

Estando embarazada, frecuentemente te encontrarás con que las revistas de moda y belleza aconsejar no descuidar la apariencia personal y para ello proponen rutinas muy funcionales de maquillaje, cuidado de la piel, suplementos alimenticios, ejercicio, alimentación y vestimenta.

La información abunda y si hemos de reconocer sus méritos, hay que decir que estas guías suelen brindar una orientación muy completa. Sin embargo, lo que a mi parecer es perfectible son los argumentos con que se insta a las mujeres embarazadas a adoptar estas rutinas.

En muchas de estas publicaciones lo que leerás es que, como resultado de los cambios físicos que se viven en esta etapa, es probable que tu autoestima decaiga y que como medida para prevenir la depresión asociada a esa causa, es recomendable no descuidar la imagen. El error en este argumento está en dar por sentado que hay algo antiestético en cambios que resultan de un proceso natural y saludable en el organismo femenino, cuando lo cierto es que, al igual que la infancia, adolescencia o juventud, el embarazo es una época del cuerpo que posee una belleza propia: la belleza de sus procesos

Por ende, apelar al hecho de que las mujeres pueden desarrollar complejos debido a estas transformaciones (aunque pueda ocurrir) está más relacionado con estereotipos de belleza socialmente aceptados, que con los estados anímicos que se producen en respuesta al cambio en los niveles hormonales durante el embarazo.

Un segundo argumento falaz es el que afirma entre líneas que merece la pena soportar la incomodidad respecto a la autoimagen porque el nacimiento de bebé compensará con creces los problemas temporales de autoestima que acarrea el embarazo. Si se analiza un momento, claramente no hay nada de alentador en este mensaje. Las mujeres debemos cultivar nuestra autoestima mediante el cuidado personal antes, durante y después del embarazo, por la sencilla razón de que sólo la persona que atiende con suficiencia sus necesidades es capaz de atender las de otro.

Con el amor, la moneda de cambio en todos los discursos sobre la maternidad, sucede lo mismo: una madre que se ha amado primero a ella misma, será capaz de prodigar amor a su bebé; de lo contrario no. Y esta explicación, tan clara como trillada, es, desde mi punto de vista, la razón por la que una mujer no debe suspender sus rutinas de belleza o dejar de lado el gusto de vestirse para lucir arreglada con sus playeras favoritas los fines de semana, con conjuntos elegantes para ir a trabajar o vestidos en tendencia para salir de casa.

En resumen, si bien el embarazo es una invitación para apreciar y resaltar la belleza, no lo es porque se trate de una época de crisis de autoimagen, sino porque es el tiempo de honrar a una etapa distinta y plena del cuerpo.

Una reflexión sobre las motivaciones para las prácticas de belleza en el embarazo