Una señalización vial adecuada es también sinónimo de mejora en la calidad de vida

Conducir es un ejercicio de lectura porque al ser responsables del volante leemos las calles. Podría decirse, siguiendo la alegoría, que los señalamientos viales “puntúan” o modulan nuestra lectura, tal como lo hacen los signos de puntuación en la página que leemos o escribimos para que otros lean.

Lo que rompe esta relación de correspondencia es la diferencia entre las consecuencias de una “mala puntuación” en los dos ámbitos. Así, mientras que uno puede fastidiarse y abandonar una lectura accidentada, una vialidad sin señalamientos o en la que estos no se emplean con suficiencia o de la manera adecuada, puede provocar un accidente que literalmente nos “saque” de nosotros mismos.

Tal es la importancia de exigir a las autoridades competentes una señalización precisa o de autoexigírnosla asumiendo la responsabilidad ciudadana en el sentido más amplio.

Es por eso que colocar topes de caucho o cojines de desaceleración a propósito de indicar a los conductores en qué momento y en qué tramos deben disminuir la velocidad a la que circulan por estacionamientos y vialidades, es, además de una medida preventiva para cuidar tu patrimonio, un gesto de conciencia ciudadana que beneficiará la experiencia de tu comunidad en sus desplazamientos.

Esta medida es aplicable a las calles aledañas a tu fraccionamiento, la escuela de tus hijos o el local donde opera tu negocio, pero también a esos espacios en los que, sin tener una injerencia directa en la toma de decisiones, te encuentras en la posibilidad de exigir o sugerir mejoras desde la calidad de usuario o cliente frecuente.

Si bien, llevarlas a cabo conlleva una inversión, cumplir con la parte de responsabilidad que te corresponde no implica que asumas el coste en solitario; antes bien, supone la oportunidad para establecer vínculos y tender puentes de diálogo entre vecinos de local o de fraccionamiento, lo que es trasladable a una situación en que te encuentres junto a otros padres de familia o en un contexto más amplio, entre otros ciudadanos (conductores y peatones por igual) que al igual que tú enfrentan a diario las condiciones de inseguridad que resultan de la falta de una señalización funcional.

Aunque la mayoría de las veces poner a prueba las propias habilidades de convocatoria y organización no es sencillo y requiere de “dar el extra” en tiempo y atención, hacerlo merece la pena al ser una muestra de compromiso con el bienestar personal y colectivo, y en el caso particular, porque ofrecerá a los implicados la garantía de circular con seguridad por los tramos que más frecuentan, o –dicho en otras palabras– una lectura más ágil y provechosa de los trayectos que escriben su cotidianidad.

Una señalización vial adecuada es también sinónimo de mejora en la calidad de vida