pedro santos en Moda y belleza, Oficios y profesiones, Medicina 3/10/2016 · 10 min de lectura · 1,4K

Judea

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Guerra judeo-romana, el asedio de Jerusalén (II) 1

En el anterior artículo dejamos a Tito designado por su padre (y emperador) Vespasiano al frente de las operaciones de asedio para tomar Jerusalén. Las legiones dispuestas para hacerlo serían las que ya judeaestuvieron implicadas en la campaña del año 68, antes de que comenzaran las hostilidades para definir quién sería el nuevo emperador. A las legiones X Fretensis, XII Fulminata, V Macedónica y XV Apollinaris, se le unieron diversas unidades de otras legiones como por ejemplo la III Cyrenaica y la XXII Diotatiana a las que también había que sumar las unidades auxiliares y las que aportaban los aliados de la zona. En total un contingente de casi 70.000 hombres dispuestos a acabar con la rebelión de una vez por todas.

En el mes de abril del año 70, Tito avanzó hacia Jerusalén encontrando poca resistencia a su paso, solamente en las cercanías de la ciudad hubo algunas escaramuzas que terminaron con los judíos retirándose a la ciudad para ofrecer una mejor defensa. Nada más llegar, Tito ordenó levantar carios campamentos alrededor de la ciudad, en dos colinas que le ofrecían una vista perfecta de las fortificaciones de la gran ciudad santa.

Las primeras labores fueron de exploración, Tito quería asegurarse al milímetro de a qué se enfrentaba, y no era moco de pavo. Tres murallas defensivas de gran altura protegían la ciudad de los asedios y separaban los diferentes barrios de la urbe, la fortaleza Antonia que convergía en el templo y la segunda muralla prometía ser un hueso duro de roer, y para terminar, en la denominada ciudad alta se erguía imponente la fortaleza del rey Herodes, un último bastión para los defensores en el caso de que los romanos llegaran hasta el centro de la ciudad.

Busto del emperador Tito.

Todo ello defendido por unos 24.000 insurgentes de diferentes facciones o sectas, que aun compitiendo entre ellos podían convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para las legiones romanas, ya que la mayoría de ellos tenían experiencia en combate, además contaban con la población civil que les apoyaba y eventualmente podían combatir si el momento lo requería.

Tito decidió que el ataque comenzaría por la parte más nueva de la ciudad, pues estaba separada del centro y contaba con menos población ya que era un barrio relativamente nuevo. Ya era Mayo cuando los zapadores se pusieron manos a la obra intentado socavar la primera muralla, desde el principio los judíos intentaron entorpecer el trabajo de los legionarios, pero Tito para dar ejemplo se puso a la vanguardia de las tropas y con la ayuda de un gran ariete derribaron la primera de las defensas de Jerusalén.

Tomada la “ciudad nueva”, Tito ordenó derribar todas las edificaciones de la explanada para trasladar uno de los campamentos al interior de la primera muralla y de paso evitar emboscadas. Desde esa posición podían concentrar los ataques en un punto concreto mientras vigilaban los movimientos en otras partes de las defensas.

El siguiente objetivo era tomar la fortaleza Antonia, o por lo menos dejarla inoperativa para los intereses de los judíos, pero era más fácil decirlo que hacerlo. En este enclave tan importante, los insurgentes se emplearon a fondo e hicieron falta cinco días de duros combates para lograr derribar sólo una sección de una torre defensiva. Una vez abierto el hueco, los romanos intentaron entrar como una apisonadora en la fortaleza, pero las sicas (espada corta que utilizaban los defensores, que dio nombre a los conocidos sicarios) de los judíos causaban estragos en los atacantes y los obligaron a retroceder de nuevo.

En el siguiente intento los romanos lograron acceder a una zona que quedaba muy cerca de la muralla que protegía la explanada del templo, pero que quedaba enfrente de uno de los vórtices de la fortaleza. Tito ofreció entonces a los defensores la oportunidad de rendirse, quizás por que necesitara tiempo para urdir una estrategia, ya que los avances que habían conseguido fueron a costa de muchas bajas. Los judíos ni se lo pensaron, estaban defendiendo su ciudad y de momento con éxito. Pero a los pocos días observaron incrédulos como los romanos empezaban a construir dos enormes rampas que poco a poco se alzaban frente a la fortaleza y las murallas que protegían el templo, si caían, los romanos tendrían acceso al último anillo defensivo, la muralla que protegía la ciudad alta.

Ataque a las murallas de Jerusalén en formación de testudo. Ilustración de Angus McBride.

Los legionarios de la V y la XII se afanaban en la construcción, ávidos de venganza por sus compañeros caídos en el asalto a la fortaleza. Pero las sorpresas para los romanos no habían acabado, Juan de Giscala uno de los líderes de las diversas facciones, defensor de ese sector, excavó un túnel por debajo de las rampas y las derribó antes de que las torres de asedio comenzaran a subir por ellas. Viendo el éxito que su rival tenía, Simón Giora, líder de los edomitas, intentó imitar la táctica contra las otras rampas, y estuvo a punto de conseguirlo cuando las torres se movían por ellas, lo cual hubiera sido un desastre para los romanos. Tito que se percató de las intenciones de Simón, se lanzó de nuevo a la cabeza de varias cohortes y rechazó a Simón y sus seguidores con tanto ímpetu que casi son capaces de tomar la muralla del templo.

Sin duda los romanos iban consiguiendo avances, pero a un precio muy alto, además el material para construir las torres y rampas empezaba a escasear, la zona circundante estaba casi esquilmada, no tendrían muchas oportunidades más antes de tener que ir muy lejos a por madera para continuar el asedio, con todo lo que ello repercutía: un sitio más largo de lo esperado, más costoso en dinero para el imperio y en moral para sus legionarios.

Desde luego la manera más efectiva de causar bajas a los enemigos y minimizar las suyas era intentar rendir por hambre a los defensores, y en ello se centró Tito. No era un método glorioso pero si eficaz. El pillaje a la población civil por parte de las facciones armadas provocó el caos en ciertas zonas de la ciudad, perdiendo apoyo por parte de la población civil y de los guerreros menos dispuestos a sacrificar a su propia gente. Una ola de deserciones se apoderó de las zonas más castigadas, cientos de civiles e insurgentes huían hacia las filas romanas sabiendo que serían esclavizados, pero al menos se mantendrían con vida. Lamentablemente Tito no tenía tiempo para buscar a los rebeldes ocultos entre los refugiados, y tomó la drástica opción de crucificar a todo prisionero capturado.

El “tira y afloja” duro varias semanas más, poco a poco los penosos avances romanos fueron comiendo terrenos a los exhaustos judíos que cada vez perdían más hombres en los combates, combates que se producían en cualquier sitio posible, en túneles, murallas, torres, casas. La lucha desesperada puede recordar a los sitios que se produjeron el siglo pasado durante la segunda guerra mundial, como Stalingrado o Leningrado.

Detalle del mapa del asedio a Jerusalén publicado por la revista Desperta Ferro Nº 23.

Finalmente los romanos se apoderaron de la fortaleza Antonia y con ella el acceso libre a la muralla del templo, que derribaron el 28 de agosto. Los oficiales y legados querían arrasar el templo con sus defensores dentro, pero según Josefo, Tito se negó (posiblemente consciente de las riquezas que había en su interior). Pero por desgracia en una de las escaramuzas en la explanada, un legionario arrojó una tea ardiendo al interior del templo que provocó un incendio que ni defensores, ni atacantes pudieron detener.

Sólo quedaba hacerse con la mayor parte de riquezas antes de que el templo quedara totalmente destruido. Así, los objetos sacros de los judíos fueron expoliados y llevados al campamento de Tito, el Menorah (candelabro sagrado), la mesa del rey Salomón, incluso algunas leyendas cuentan que el mismísimo arca de la alianza.

De nuevo los judíos tuvieron que retirarse, esta vez a sus últimas posiciones defensivas en la ciudad alta y la fortaleza de Herodes. Pero las fuerzas, después varios meses de asedio con combates casi diarios ya flaqueaban y los insurrectos ya no eran capaces de aguantar las acometidas latinas como antes. Desde las murallas de la antigua casa de Herodes vieron como una última rampa allanaba el camino a cuatro legiones dispuestas a dar todo el hierro y sangre acumulados durante meses.

Ocurrió lo inevitable, Simón y Juan finalmente fueron capturados y la resistencia cejó por fin. Los días siguientes suponen un suceso oscuro en la historia de Roma, pues la saña en el saqueo y pillaje fue tal, que el propio Tito tuvo que ceder ante las ansias de sus legionarios, incapaz de controlarlos en esta fase final del asedio.

Tito fue aclamado como Imperator por sus tropas, de vuelta a Roma, mientras cruzaban Egipto, Tito se detuvo en Menfis para realizar sacrificios en honor al toro Apis, para agradecer su victoria en Judea. Este gesto fue muy controvertido, ya que lo hizo portando una diadema, lo cual levantó sospechas de que quisiera proclamarse emperador y atacar a su propio padre, pero Tito, al llegar a Roma juró fidelidad al emperador y celebró un triunfo donde se exhibió todos los tesoros saqueados, miles de esclavos judíos y como colofón la ejecución de Simón y Juan que fueron lanzados al vacío desde la roca Tarpeya.

Pero las hostilidades en Judea no habían acabado del todo, la resistencia duró algunos años más, varios enclaves fortificados resistían a ultranza y mantenían la esperanza de recuperar el terreno perdido, pero ya sabéis como las gastaba Roma, podían perder batallas, podían tardar más o menos, pero si Roma quería un territorio casi siempre lo conseguía. El canto de cisne lo dieron los defensores de Maqueronte y Masada que resistieron heroicamente hasta el año 73.

Como la historia nos ha legado, no sería la última vez que se hiciera la guerra en tierra santa, Jerusalén como foco y ciudad sacra de diversos credos parece estar condenada a sufrir la peor versión de la humanidad, la guerra, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES:

Flavio Josefo, La guerra de los judíos

Tácito, Anales.

Revista Desperta Ferro nº23, La primera guerra Judeo-romana.

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Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.

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CityVP Manjit 3/10/2016 · #1

I have never studied either the life of Emperor Tito or the destruction of Jerusalem https://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Jerusalem_(AD_70) so what I could read through translation was a fascinating historical account. Thank you for introducing me to this historical perspective. This buzz is far different to any I have encountered on beBee. Yes, it was the picture of the bearded man that drove my initial curiousity, but the content also turned out to be excellent.

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