Miel

Inicio » Relatos » El último romano (V)

El último romano (V) 10

20 DE JUNIO DEL AÑO 451, CAMPOS CATALAÚNICOS.

El sol todavía no había aparecido en el horizonte. Era la hora en que la noche tocaba con sus fríos dedos al astro rey para que despertara, una hora en la que bruma y la quietud embarga todo de manera casi mágica.

Aecio sentía frío, pero no era por la brisa de la madrugada. Sentía frío porque ante él se mostraba la llanura de sus sueños, pero esta vez todo era muy real. Era real el tintineo de las bridas de su montura, el vapor de su aliento, el relinchar nervioso de los caballos, que parecían notar la tensión de sus jinetes.

Estaba tan sumido en sus pensamientos que la voz de Aulo casi le hace dar un respingo.

-Se acerca la hora general, ¿de veras cree que vendrá?- comentó un tanto desconfiado.

-Estoy seguro Aulo, aunque no lleguemos a un acuerdo