Prof. Mg. Rodrigo Ariel PRADIER en Estudiantes y Universitarios, Profesores y educadores, Oficios y profesiones Auxiliar Judicial • Servicio Penitenciario Federal 3/7/2016 · 1 min de lectura · 1,0K

Observa a los ni­ños

Observa a los ni­ños
Ellos juegan solitos, imaginando cosas, sin­tiéndose
completos en cada momento. NO piensan "sería más feliz si tuviera más amigos", ellos no piensan así.

Sólo crean su propio en­tretenimiento. Todo lo que necesitas está den­tro de ti. La conciencia jamás está sola, porque se está amando a sí misma, disfruta de sí mis­ma y vive completa dentro de ella. 

Puedes es­tar en un salón rodeado de cien personas y sen­tirte solo, porque la verdad es que el estar con­tigo te resulta insoportable: "No me gusta es­tar solo, necesito a alguien o algo que me dis­traiga y me mantenga alejado de mí". Pero si estás anclado en el amor-conciencia, puedes estar solo pero nunca sentirte solo, puedes ele­gir estar con alguien, pero en realidad no ne­cesitas de nadie. Aquello que creemos que ne­cesitamos es sólo una idea, porque buscamos afuera, porque nos alejamos de la fuente, por que tenemos el hábito de ver el vaso medio vacío en vez de verlo medio lleno.

¿Qué sucedería -y esta es mi propuesta en este encuentro- si cada vez que sientes que te falta al­go y que diriges la mirada hacia afuera buscán­dolo, paso seguido no encontrándolo, paso se­guido sintiéndote pesado, sin ganas, triste, sin fuerzas, desalentado, o como sea, como si tuvie­ras un gran bagaje que pesa cada día más, qué sucedería si te enfocaras en apreciar las cositas más pequeñas que te rodean, apreciar, aunque no tenga sentido, la florecita diminuta que casi pisaste y que en su pequeñez goza de una per­fección de líneas, de formas, hasta de aroma, que es de maravillarse? ¿Y si aprecias al niño jugan­do, al perro custodiando su hueso, a la mamá que toma a su pequeñita, a la pareja que cami­na sosteniéndose en un abrazo como si no exis­tiera nada más en el mundo, a la nube que está por tapar el sol, al sonido del tráfico tan ruido­so que casi podría ser una sinfonía desafinada, y así, todo lo miras con apreciación? 

Notarías que algo en tu pecho, en lugar de apretarse, se empieza a abrir, y hasta en algún momento, tal vez te encuentres con una sonrisa que se esbo­za desde adentro hacia afuera.

La conciencia jamás está sola...