Prof. Mg. Rodrigo Ariel PRADIER en Estudiantes y Universitarios, Profesores y educadores, Oficios y profesiones Auxiliar Judicial • Servicio Penitenciario Federal 23/9/2016 · 4 min de lectura · +800

Síndrome del agotamiento femenino

Síndrome del agotamiento femenino

Muchas mujeres se hacen cargo de todo aquello que les toca, que constituyen sus infinitas tareas cotidianas; y también de todo aquello que “les cae” como solucionar emergencias familiares de salud o de relación.

El resultado de tan alta disponibilidad en desmedro de los espacios personales lleva a una variante de la depresión que podría definirse en muy breves palabras: “No puedo más”.

Contar el día de muchas mujeres puede resultar una tarea extenuante; pero para muchas personas más aún: inverosímil.

Por lo general realiza tareas dobles, ya que la que está haciendo es el preludio de alguna otra como preparar la cena dejando organizada la comida del día siguiente para cuando está en su trabajo.

Cada movimiento incluye la previsión de otro: colaborar con la tarea de los niños mientras la lavadora va cumpliendo su programa y ella piensa en las fotocopias que debe sacar para la firma del contrato del día siguiente para el cual ya tiene su ropa preparada. Apunta las medicinas que deberá comprar a su madre y planifica las actividades del día siguiente mientras toma una ducha aprovechando para dejar la bañera limpia y las toallas cambiadas.

Su jornada transcurre siempre entre cuatro o cinco tareas a un tiempo y transmitiendo la sensación de que puede eso y más y esa fuerza se transforma en un desafío personal: creer y mostrar que pueden todo. Como si el hacerse cargo de, absolutamente todo, pesara como una espada de Damocles, como un destino del cual no se pueden apartar hasta ese día en que esa enfermedad, agazapada, emerge como “Síndrome de agotamiento femenino”.

Hacerse cargo de todo, que todo pase por sus manos es, además, y para mayor incidencia en la aceptación de su rol, un mandato social.

No es fácil encontrar mujeres que hablen de su agotamiento. Apenas se plantea el tema muchas advierten: “Es lo que me pasa a mí”, pero a la hora de poner en palabras ese malestar priman los sentimientos de vergüenza. Es que para ellas, el cansancio es algo íntimo.

Uno de los modos en los que sus síntomas se van presentando tiene que ver con una modificación en las relaciones que se establecen dentro de la casa; el cansancio, el exceso de obligaciones y responsabilidades provoca que la mujer vaya retirando el afecto de sus vínculos, que se torne un tanto más irritable y que lo único que puede interesarle, al terminar la última tarea de lo que parecen ser jornadas sin fin, sea acostarse y dormir.

Hablamos de una mujer agotada, con un desgaste de energía al servicio del funcionamiento de una familia tan desmesurado que no queda resto para ella misma.

Una persona que queda sin energía para