Prof. Mg. Rodrigo Ariel PRADIER en Estudiantes y Universitarios, Profesores y educadores, Oficios y profesiones Auxiliar Judicial • Servicio Penitenciario Federal 4/11/2016 · 2 min de lectura · +100

Tener expectativas demasiado altas nos impide disfrutar

Tener expectativas demasiado altas nos impide disfrutar

En la vida solemos querer más de todo y eso hasta cierto punto es un impulso para conseguir lo que deseamos. Las expectativas son subjetivas y parciales, y no hay que confundir el ser ambiciosos con nuestros objetivos, con esperar más sobre algo ajeno a nosotros. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que algunas cosas no son como las esperábamos y que idealizamos nuestras amistades, relaciones, y proyectos.

Un reciente estudio relaciona la personalidad evitativa con la baja habilidad para disfrutar de la vida. Una de las características de estas personas es la de distorsionar con facilidad los estímulos neutros y percibirlos de forma negativa, además de necesitar una constante aprobación de los demás.

Las expectativas son un arma de doble filo que hay que saber manejar en nuestra conveniencia. Unas veces son el incentivo necesario para ayudarnos a avanzar y, otras, el camino más directo hacia la decepción personal. Mantener expectativas positivas sobre algo equivale a sentirnos ilusionados, anticipando el desenlace satisfactorio de una situación. El peligro viene cuando pecamos de un exceso de optimismo, aunque sería más apropiado llamarlo  irrealidad.

“Espera lo mejor, planea para lo peor y prepárate para sorprenderte”
-Denis Waitley-

Humildad, la receta contra las expectativas irreales

La humildad se puede definir como el conocimiento de nuestras propias debilidades y limitaciones y actuar en consecuencia a ellas. Podemos sentir orgullo de nosotros mismos al reconocer nuestros éxitos o mejoras sin que esto nos haga sentir superior al resto de los seres humanos. Todos deberíamos esforzarnos a diario por cultivar nuestra humildad.

Cultivar la humildad nos alejará del orgullo desmedido. Una persona soberbia o demasiado orgullosa esconde su falta de conocimiento para enfrentarse a ciertas situaciones. La soberbia implica la satisfacción excesiva por la contemplación propia, el soberbio se siente mejor y más importante que el prójimo y de ahí sus metas siempre deberán ser más y mejor que las de los demás, llegando a veces a incurrir en metas poco coherentes con sus capacidades sobrestimadas.

Las personas humildes son gente auténtica, sin complejos, con alta autoestima. Son personas tan seguras de sí mismas que no necesitan gritar lo grandes que son a todo el mundo, a todas horas. Son personas que enganchan, contagian ilusión, pasión y que disfrutan de su día a