Snuff movies: ¿Son reales o son una leyenda urbana de terror?

Snuff movies: ¿Son reales o son una leyenda urbana de terror?

El tema que voy a tocar hoy es mucho más terrorífico que cualquier cuento macabro que se pueda imaginar.

¿Te atreves a adentrarte en esa parte de la realidad tan tenebrosa?

El asunto que nos ocupa hoy es uno de los más inquietantes, repugnantes y aterradores, por sus visos de ser real, que he tocado nunca, y siento hacia él una franca ambivalencia: me atrae descubrir un misterio, y siento que, más allá del morbo, es una responsabilidad social averiguar si este tipo de cosas existen para sacarlas a la luz y acabar con ellas de una vez por todas, cosa que, cómo descubrirás si sigues leyendo, puede resultar harto difícil, dado el poder de los estamentos que, de ser cierta toda esta historia, habría implicados.

Es curioso como, cuando uno es joven, se cachondea por inconsciencia de algunas cosas a las que, con la edad, acaba encontrándoles sentido.

A mí me pasaba eso con el periódico El Caso, que leía mi abuela, y con el programa Quién sabe dónde, que me parecía un ejercicio de amarillismo y de mal gusto.

Sin embargo, conforme he ido creciendo, el misterio que trato de forma indirecta en este capítulo, las desapariciones de personas, y que a mi juicio es el más terrible de todos, me hecho cambiar de perspectiva, y comprender que este tipo de publicaciones y programas quizá nos ayudaban a tomar conciencia de un fenómeno social que continúa, que siempre ha estado ahí, acechando, como un espectro terrible ante el cual la sociedad prefiere desviar la mirada par fingir que no existe.

El hecho de que desparezca algún ser querido es una de las peores pesadillas que se pueden experimentar, una terrible lotería que nos puede tocar a cualquiera sin que sepamos a qué mecanismos responde y cómo podemos evitarlo.

Quizá te parezca que mis afirmaciones son exageradas, y no es de extrañar, porque la consigna social que las autoridades marcan a los medios de comunicación es que no se hable de estos temas, para evitar crear lo que ellos llaman “alarma social”.

Así, apenas existen bases de datos oficiales en las que recabar información, no se promueve la incorporación de criminólogos titulados a los estamentos oficiales y cuerpos de las fuerzas de seguridad del estado qu