Snuff movies: ¿Son reales o son una leyenda urbana de terror?

Snuff movies: ¿Son reales o son una leyenda urbana de terror?

El tema que voy a tocar hoy es mucho más terrorífico que cualquier cuento macabro que se pueda imaginar.

¿Te atreves a adentrarte en esa parte de la realidad tan tenebrosa?

El asunto que nos ocupa hoy es uno de los más inquietantes, repugnantes y aterradores, por sus visos de ser real, que he tocado nunca, y siento hacia él una franca ambivalencia: me atrae descubrir un misterio, y siento que, más allá del morbo, es una responsabilidad social averiguar si este tipo de cosas existen para sacarlas a la luz y acabar con ellas de una vez por todas, cosa que, cómo descubrirás si sigues leyendo, puede resultar harto difícil, dado el poder de los estamentos que, de ser cierta toda esta historia, habría implicados.

Es curioso como, cuando uno es joven, se cachondea por inconsciencia de algunas cosas a las que, con la edad, acaba encontrándoles sentido.

A mí me pasaba eso con el periódico El Caso, que leía mi abuela, y con el programa Quién sabe dónde, que me parecía un ejercicio de amarillismo y de mal gusto.

Sin embargo, conforme he ido creciendo, el misterio que trato de forma indirecta en este capítulo, las desapariciones de personas, y que a mi juicio es el más terrible de todos, me hecho cambiar de perspectiva, y comprender que este tipo de publicaciones y programas quizá nos ayudaban a tomar conciencia de un fenómeno social que continúa, que siempre ha estado ahí, acechando, como un espectro terrible ante el cual la sociedad prefiere desviar la mirada par fingir que no existe.

El hecho de que desparezca algún ser querido es una de las peores pesadillas que se pueden experimentar, una terrible lotería que nos puede tocar a cualquiera sin que sepamos a qué mecanismos responde y cómo podemos evitarlo.

Quizá te parezca que mis afirmaciones son exageradas, y no es de extrañar, porque la consigna social que las autoridades marcan a los medios de comunicación es que no se hable de estos temas, para evitar crear lo que ellos llaman “alarma social”.

Así, apenas existen bases de datos oficiales en las que recabar información, no se promueve la incorporación de criminólogos titulados a los estamentos oficiales y cuerpos de las fuerzas de seguridad del estado que hagan análisis estadísticos que permitirían predecir patrones anómalos que quizá sirvieran para investigar estos casos de forma más eficiente.

En los periódicos este tipo de sucesos han desaparecido casi por completo, quedando relegados a algún que otro breve en los periódicos, con excepción de las desapariciones mediáticas a las que sí se da mucho bombo, ignorando el resto de las que suceden día tras día.

España es así, a pesar de que en el resto de países de Europa se han destapado redes de pederastia y tráfico de personas en las que había importantes personalidades implicadas (el caso Dutroux, sin ir más lejos,  o la red de pedofilia que se descubrió en la La City, el corazón financiero del mundo y las altas esferas en Londres, y de la que solo se habló de forma marginal en algunos medios, como atestigua este artículo de el periódico El Mundo), aquí no tenemos de eso.

Ni asesinos en serie.

¡No, que va! Si en España somos todos muy buena gente…

Aunque este castillo de naipes sobre la ilusoria bonhomía intrínseca del homo ibéricus se rompe cual castillo de naipes tan solo con teclear en google los términos “Caso bar España”.

Te animo a que lo hagas.

 Pero la mayoría de los medios mayoritarios no hablan de esto, y la información hay que sacarla de blogs que suelen asociar estos términos con otros que hacen que la credibilidad para el lector medio salga corriendo por la puerta; términos como “iluminati”, “mason” o “satanismo”.
La única persona que ha intentado airear el asunto, el bloguero Un técnico preocupado, sufrió las consecuencias, hasta el punto de que los cuerpos de seguridad le requisaron el ordenador por haber subido una copia de una de las denuncias del caso, cosa que por otra parte no creo que sea ilegal, pues se la facilitó el denunciante, y le obligaron a eliminar de su blog todos los artículos relacionados a la temática del Caso Bar España.

Pero, ¿de verdad existen estas cosas? ¿Y qué tienen que ver con las snuff movies?

Antecedentes históricos

Una tarde, volviendo del trabajo, me surgió una pregunta al ver a los niños en los parques con sus padres. ¿Por qué los niños ya no juegan solos en la calle?

De pequeños siempre planeaba sobre nosotros ese temor abstracto, que nadie se atrevía a concretar, de que no debías confiar en extraños porque algo malo podía pasar, pero parece que nadie  quería detallar el qué.

En épocas anteriores a mi niñez, a los niños se los asustaba con el hombre del saco y el sacamantecas, aparte del coco y otros muchos seres, supuestamente ficticios, que parecían compartir la misma dimensión de los mitos infantiles que otras entidades más amables como el Ratoncito Pérez y Leticia Sabater cantando el “Letirap”.

Por desgracia, cuando creces, a poco que te intereses por el tema, descubres que algunos de estos seres de la mitología infantil, incluida Leticia Sábater, son más reales de lo que parecen.

Juan Ignacio Blanco Durán (Madrid, 25 de marzo de 1956) es periodista y criminólogo, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Criminología por la misma universidad, diplomado por tres universidades en Criminalística, diplomado en Humanidades Contemporáneas por la Universidad Autónoma de Madrid, entre otras titulaciones, además de haber sido redactor jefe y director del legendario semanario El Caso, y colaborar con mútliples medios de comunicación tanto de prensa escrita como de televisión.

Fue tristemente famoso en los años 90 por ser uno de los investigadores que ayudó al padre de una de las niñas de Alcásser a intentar esclarecer si la versión oficial era real o no, atrevimiento que les valió el escarnio por parte de las autoridades, pues fueron denunciados, desacreditados y hundidos económicamente, mediante artículos en los diversos medios y demandas judiciales, hasta el punto de que Fernando García, el padre de una de las niñas, hasta hace poco ha estado todavía de juicios por supuestas calumnias que le han costado indemnizaciones millonarias y casi penas de cárcel y Juan Ignacio Blanco no ha vuelto a ser contratado por ningún medio de comunicación.

¿El mundo al revés, no?

Su pecado: dar unos nombres en un acto desesperado, al verse desatendidos por la justicia en lo referente a las inconsistencias del sumario de Alcásser, que ya de por sí darían para escribir un libro entero.

Este criminólogo fue de los primeros en hacer referencia a que una de las posibles causas o consecuencias de este caso fue el rodaje de una película snuff, hasta el punto de llegar a afirmar que le pasaron una copia que entregó al ministerio de interior, pero puedes leer más detalles si te interesa en el artículo de arriba.

Aunque no hay pruebas al respecto, y hay corrientes enfrentadas entre las personas que siguen investigando este caso de forma extraoficial, debido a que, en algunas declaraciones, el señor Blanco ha cambiado la naturaleza del vídeo de snuff a un vídeo en el que se ve el cadáver de una de las niñas ya muerta y un desfile e personalidades que muestran el rostro a cámara.

Según este investigador, uno de los pocos datos sobre la cantidad de personas desparecidas en España fue proporcionado por el ministro del interior Jorge Fernández díaz el 15 de enero de 2013 en el Congreso de los Diputados en respuesta a la pregunta de un diputado socialista.

De acuerdo con el entonces ministro, desde el 1 de enero de 2010 al 11 de enero de 2013 se produjeron en España 29.706 denuncias de desapariciones de las que un 92% fueron resueltas, sin indicar cuáles de estos casos se resolvieron por la aparición del cadáver de las víctimas.

Del 8% restante nada se supo.

2.427 personas tragadas por la nada, 67 personas al mes, 2 al día, durante este periodo de 3 años.

En 1992, mientras España vivía la borrachera del a Expo y las olimpiadas, hubo numerosas víctimas y desaparecidas:

Marta Maria Obregón Rodríguez, de 22 años.

  • Mecedes Lázaro Sanmiguel, de 25 años.
  • Francisco Javier Santos Gómez, de 9 años.
  • Olga Sangrador Caballo, de 9 años.
  • Ana María Torres Castillo, de 19 años.
  • Oscar Arroyo Cámara, de 21 años.
  • Leticia María Lebrato Rojo, de 17 años.
  • Cristina Mercedes Llorca Pastor.
  • María del Carmen Rivas López, de 9 años.
  • Soledad Donoso Toscano, de 18 años.
  • María del Carmen Casanova Argení, de 10 años.
  • Miriam García Iborra, de 14 años.
  • Antonia Gómez Rodríguez, de 15 años.
  • Desirée Hernández Folch, de 14 años.
  • Virginia Guerrero Espejo, de 15 años, desaparecida.
  • Manuela Torres Bougeffa, de 16 años, desaparecida.
    • Gloria Martínez Ruiz, de 17 años, desaparecida.

Otro dato escalofriante aportado por este investigador lo extrajo del folio 290 del sumario del triple crimen de Macastre, que también se ha relacionado extraoficialmente con el caso Alcásser.

En dicho sumario encontró el documento “Diligencia de gestiones practicadas por la 311 comandancia de la Guardia Civil de Valencia”, con fecha 6 de junio 1989.

En él se afirmaba que entre 1988 y 1989 desaparecieron 15 jóvenes menores de 14 años en la Comunidad Valenciana que tenían similaridades morfológicas con Pilar Ruiz Barriga, la niña desaparecida en al caso Macastre.

Y la cosa no parece haber mejorado a día de hoy. 

De acuerdo con esta noticia de Europapress,  al menos 10.000 niños refugiados han desaparecido en Europa, hasta el punto de que hay cárceles en Alemania y Hungría donde casi el 100% de los presos son criminales vinculados al tráfico de personas que se ha originado con esta crisis migratoria. La Europol confirma la la asociación entre las bandas que secuestran a los niños refugiados con organizaciones de explotación sexual esclavismo.

En otras ocasiones, cuando te he hablado sobre este tema he hecho referencia al libro escrito por la Duquesa de Medina Sidonia, La ilustre degeneración, libro censurado que la Duquesa redactó para intentar dar datos sobre el caso de forma encubierta, pues le constaba que en algunos mentideros de la alta aristocracia española corría el rumor de ciertas personas que raptaban a jóvenes y niños para dar rienda suelta a sus más bajos instintos depredadores.

Pero debemos retrotraernos aún más en la historia de nuestro país.

El hombre del saco y la Vampira de Barcelona

(Leer artículo completo)


R. R. López 18/9/2017 · #2

#1 lo interpretaré como que te ha gustado. ¡Saludos!

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