Rafael Guitian Montojo in Emprendedores y Empresarios, Directivos y Ejecutivos Community manager. • Comunicaciones virtualizadas. May 25, 2016 · 2 min read · +700

LA DULCE HISTORIA DE “CORAZÓN ROJO”

Muchas veces me preguntan cuál es el proceso de fabricación de una chuche. Sin embargo hoy os contaré como termina sus días una chuche que nunca nadie se ha comido.

Nuestra amiga nació un día cualquiera de marzo, con glucosa, gelatina, almidones y un montón de ingredientes más. Tras un proceso de fabricación, en el cual todos pusieron su granito de arena, despertó una preciosa golosina con forma de corazón. Rojo intenso por fuera, con su poquito de azúcar de adorno y un núcleo blanco y esponjoso, dispuesto a hacer las delicias de cualquier niño a la salida del cole.

Sin embargo “corazón rojo” acabó sobre la encimera de una cocina, porque tras un trozo de pizza y esa enorme tarta de cumpleaños, ningún pequeño pudo acabar con ella.

Las chuches que no son comidas poco a poco se van poniendo duras, van perdiendo su presencia, y resultan menos apetitosas.

Un día, una mamá de cuento, como todas esas mamás que rondan por el mundo, soltó una pequeña lágrima. No viene al caso por qué. Tal vez una discusión en casa, quizá un problema en el trabajo, pudo ser un recuerdo de algún amigo que ya no estaba con nosotros….

Y mientras esa lágrima nublaba la vista y desdibujaba una taza de café, miró profundamente a nuestra amiga la chuche y tomó una determinación. Ese día iba a repartir sonrisas por toda la oficina.

Cogió el corazón, un imperdible de la caja de costura, y ni corta ni perezosa, se atravesó la solapa de su chaqueta y decidió salir a la calle con ella, dispuesta a regalarse a sí misma durante todo el día.

Así, de esta guisa, bajó a la calle, cruzó a la tienda de enfrente y pidió que le prepararan veinte brochetas de chuches. Se las metieron cada una en una bolsita de plástico transparente, y luego en una pequeña caja de cartón.

Condujo hasta un edificio bien alto en el centro de la ciudad y se dispuso a hacer su sueño realidad. Porque aunque no lo hemos dicho, el sueño de esta mamá era repartir alegría y no chillidos y broncas durante todo el día.

Dejó una brocheta en la mesa de su jefe, con el informe que le había pedido el día anterior. Dejó otra en la mesa del informático que acababa de tener un niño con una nota en la que le decía que las horas de sueño se acaban recuperando (una mentira piadosa). Otra más en el mostrador de entrada para el conserje, que acababa de perder a su padre. Siguió por el gruñón de recursos humanos, con la esperanza de que se ablandara un poco el corazón. Después a su compa Marga, que siempre tenía una palabra amable para ella. Otra más sobre la mesa de la joven becaria, deseando que la compartiera con su apuesto novio del que siempre hablaba. Y así entre paseo y paseo, terminó la caja de brochetas, y con cada una de ellas un poco más de luz se hizo en cada una de las personas que la recibieron.

Por la tarde, “corazón rojo” seguía en su sitio. Las lágrimas de los ojos no se habían ido del todo, pero un pequeño gesto de satisfacción enmarcaba su cara.

Llegó a casa, soltó el imperdible, ceno y se fue a la cama pensando… que total una chuche dura también podía alegrar su vida.

¿Cuántas sensaciones nos traen las chucherías que venden en la tienda del barrio?, ¿cuántas veces has pasado, las has visto y has sonreído al recordar todos aquellos tiempos? ¿Cuántas veces has comentado sobre alguna chuchería que existía en tu tiempo?

Pensemos que volvemos a ser niños, donde lo único que nos preocupaba era que la bolsa de chucherías nunca se terminase, que tu madre no te pillase la bolsa que te habían regalado de chuches, te encantaba estar con tus amigas y poder disfrutar de un ratito dulce con ellas.

¡Llenemos el mundo de dulces sensaciones!