Rosa María Rodríguez Sabucedo en Reseñas de libros, Club de lectura, Comunicación y Periodismo FORMADORA • A nosa aldea de Barbadás. 12/3/2018 · 5 min de lectura · +500

Su mirada...

Su mirada...

Su Mirada / 1er. Capítulo

Como por arte de magia, él aparece en mis pensamientos cuando entro a Facebook. ¿Cuántos años han pasado sin tener noticias suyas? pienso mientras saboreo una copa de vino tinto a mitad de la noche; entonces recuerdo que aquel verano, cuando lo conocí, también probé por primera vez el vino.

¿Tendrá Face? me pregunto al mismo tiempo que leo las novedades de mis amigos.

-¿Qué esperas? -digo imperativa-, escribe su nombre y lo averiguarás en menos de lo que canta un gallo.

Un tanto ansiosa, pongo los datos; mientras espero la respuesta, busco mi copa, le doy un trago, lo saboreo y lo comparo con el recuerdo de su dulce sonrisa. Mi corazón late con fuerza, un delicioso cosquilleo corre por mi cuerpo; casi sin darme cuenta,  los recuerdos empiezan a llegar como borbotones de agua.

No doy crédito, ya que rememoro poco de mi infancia y casi nada de mi adolescencia. Claro, fue un verano inolvidable que dejó huella en el fondo de mi corazón.

Si antes de iniciar aquel viaje alguien me hubiera dicho que conocería al amor de mi vida, mi risa se hubiera escuchado hasta las montañas más lejanas…, era lo que menos imaginaba que podría pasarme.

Aeropuerto de Vigo, España.

18.30 Hrs. del año 1986

Después de catorce horas de viaje sin dormir, aburrida de leer una y otra vez la misma revista, viendo películas viejas y repetitivas, por fin el avión aterriza. Cuando escucho al piloto decir que llegamos a España, una apasionante sensación invade mi cuerpo, como si fuera el preludio de un gran acontecimiento, no sé cómo explicarlo, es algo que me hace vibrar. En mi rostro se dibuja una sonrisa que aparece desde de mi interior llenándome de regocijo y felicidad.

Recogemos las maletas, salimos a la sala y mis tíos  están ahí esperando. Han sido pacientes, el vuelo se retrasó dos horas, y aun así, nos reciben sonrientes. Camino rápido para abrazar a mi tía Lorena, me acoge entre sus brazos con la ternura que solo ella sabe dar, me ve amorosa con sus ojos como la miel y una dulce línea dibujada en su pequeña boca.

-¡Bienvenida! –me dice. Toma mi mano y caminamos hacia la puerta que nos lleva al estacionamiento.

Mis padres vienen atrás. Mi tío José se acerca a nosotras para preguntarnos:

-¿No olvidáis algo? -Las dos nos quedamos viendo desconcertadas, entonces, al ver que no nos damos cuenta, comenta:

-¿Dormimos juntos? -a lo que respondo con una sonrisa, me doy la vuelta dándole un gran abrazo. Mi tía se sonroja, ríe sin poder parar, se dirige a mi madre, le da dos besos y hace lo mismo con mi padre.

Metemos las maletas en la cajuela del coche y emprendemos el viaje para ver a mi abuela. Aquí estoy con mis padres y tíos, rumbo al inicio de un verano prometedor, en una ciudad fascinante.

Ellos no paran de hablar, yo medito. Dejo que mi mente se pierda entre los hermosos prados de diferentes tonalidades que van, desde un café obscuro, hasta un verde brillante con gotas de agua flotando. Levanto la vista, veo el cielo azul cubierto con nubes blancas como copos de algodón, montañas inmensas en las que exploro y escalo. Disfruto el olor a tierra mojada, siento cómo el aire fresco roza mis mejillas provocando un ligero y placentero cosquilleo, cansada del recorrido, me recuesto sobre la hierba percibiendo cómo roza mi cuerpo, y va dejando una agradable sensación de paz.

De repente una voz me despierta.

-¡Ya llegamos!-dice mi tía.

Me estiro entrelazando con vigor los brazos arriba de mi cabeza.

-¡Qué bien! gracias por despertarme, quiero disfrutar la vista de la ciudad desde un principio.

Saco mi rostro por la ventanilla, el aire me despeina por completo, veo cómo nos acercamos rápidamente a la maravillosa Ourense, sus enormes edificios circundan las calles; los coches y la gente transitan en todas direcciones. Hermosos parques, y un río enorme con  aguas cristalinas, purifica  y da frescura a su paso.

-Tía, se me olvidó el nombre del río -la cuestiono con mis crecientes deseos de aprenderlo todo.

-Es el Miño.

-Gracias -le digo y suspiro al recordar la primera vez que lo vi y me impacto la fuerza de su cauce.

Mi tío se estaciona cerca de la puerta del viejo edificio. Veo la galería del piso donde vive mi abuela, ella está ahí, vestida de negro, saludándonos con  la mano y una grata sonrisa  dibujada en su rostro. Bajamos las maletas del coche, subimos las escaleras que nos llevan al departamento, nos recibe de pie junto a la puerta. Es una mujer alta, fuerte, de cabello negro y rizos ligeros matizados con hilos plateados, y una mirada dulce con la que nos invita a pasar. Nos damos un cálido abrazo, me llena de besos y halagos. Siento cómo el suave aroma de su perfume me embarga de emoción. Vienen a mí recuerdos; como el día que mi hermano y yo cortamos castañas, las metimos en una cubeta cubriéndolas con ortigas y una hoja de berza… nuevamente levanto la vista, encontrándome con unos bellos ojos: expresivos, llenos de alegría contenida.

-Tus ojos son negros como las castañas que te llevamos esa tarde y tú te espinaste con las ortigas -todos reímos y mi abuela hace ademán de darme una nalgada.

-Tú y tu hermano sois unos trastes -comenta riendo  con nosotros.

-¡Estoy rendida! –agrego- será mejor que me vaya a la cama, mañana será el inicio de una nueva aventura.

Al día siguiente, después de un sueño reparador, abro los ojos. Tardo en darme cuenta dónde estoy. Una habitación oscura como la noche, dos camas chicas de encino metidas a la fuerza en un espacio reducido, el olor a madera vieja penetra en mi nariz, e imagino, que seguramente mi madre, hace muchos años, soñaba tendida sobre ella con el encuentro del verdadero amor. Es un sitio confortable.  ¡Me gusta!, pienso a la vez que veo el reloj y me doy cuenta que es muy tarde. Me levanto apresurada, abro la persiana para dejar que los rayos del sol llenen cada espacio con energía de amor.

Permito que los recuerdos de un año atrás, aparezcan en mis pensamientos: mi hermano Manuel y yo, estamos con mis padres en una fiesta de un pueblo cercano, mientras escuchamos un paso doble que toca la orquesta. Veo cómo todos los jóvenes, adultos, y algunos ancianos, bailan y ríen muy divertidos. Nosotros no conocemos a nadie y estamos aburridos. Con calor, sueño, deseando que ya mis padres se aburran de bailar e irnos a casa. ¡Qué fastidio!, pienso. Cuando la música termina de sonar, buscamos a mis padres y los encontramos platicando animadamente con unos señores que no conocemos. Manuel y yo nos volteamos a ver, al mismo tiempo que caminamos hacia ellos. Al vernos, mi padre nos presenta:

-Bernardo y Ema, ella es mi hija Mary Belén, la mayor, la más hablantina y sonriente de la familia, siempre está de buen humor. Él es Manuel, le gusta la fiesta y es el deportista, juega fútbol- dice mi padre tocándonos el hombro, los saludamos con dos besos y Ema comenta:

-Manuel, eres tan alto y flaco como tu tío José.

-Sí, tienes razón, él es más parecido a la familia de mi esposa, y Mary Belén se parece a la mía -asegura mi padre.

-Ya decía yo qué su nariz y boca pequeña me recordaban a alguien, se parece  mucho a tú hermana, hasta en lo baja que es de estatura, solo que en delgada-suelta una risilla y yo la miro sonriendo.

-Ellas son mis hijas, María y Milagros -interrumpe Bernardo.

María y yo, desde ese momento nos volvemos amigas inseparables para el resto del verano. Las dos nos encontramos de paso en el mismo pueblo, ella de visita con su abuelo, a unos metros del chalet de mi abuela.

Salgo de mis recuerdos, me apresuro al teléfono y la llamo. Charlamos un rato. Las dos estamos felices de escucharnos y ansiosas por vernos. Me comenta que llegará en dos semanas a Loiro, para esas fechas yo también estaré ahí. Mientras, a disfrutar de la ciudad, las piscinas, discotecas y bares con mí amiga Belén, que también está aquí este verano, y Ana Cristina, que llegará muy pronto.

Me baño de prisa, por lo regular soy muy indecisa en el momento de elegir mi ropa, está vez lo hago rápido, opto por un vestido sencillo color vino, con  figuras geométricas de diversos colores, un cinturón ancho negro, sandalias a juego. Sonrío mientras me peino y guardo en mi mochila una toalla, un peine, bloqueador, y el traje de baño color amarillo con azul que me compraron el año pasado para ir a la playa. Desayuno veloz, quedé con Belén  de ir a Oira, no quiero perder tiempo alguno. Estoy ansiosa por disfrutar cada segundo de mi estancia en este lugar. ¡Claro, por qué no! Trato de despedirme, y mi padre, inoportunamente me dice:

 -Voy a ver a mi prima Mary Paz a su negocio, quiero que me acompañes, de ahí  te queda cerca la parada de autobús y puedes ir caminado, no tardaremos mucho.

Accedo a ir por complacerlo, aunque no tengo deseo alguno. Llegamos al negocio de la prima de mi papá y ella enseguida sale a nuestro encuentro.

-¿Qué tal Felipe, cuándo llegaste? -nos saluda con una sonrisa cálida.

-Bien. Aterrizamos ayer -contesta mi papá riendo,  le da dos besos en la mejilla.

-Tú eres Mary Belén, si no me equivoco -sugiere acercándose a mí.

-Sí, soy yo.

-Eres una chica muy guapa.

-Gracias -comento con timidez.

-¿Qué tal tú madre?

-Muy bien, se quedó desempacando, seguro pronto vendrá a verte.

-Será un placer verla de nuevo. Y tú hermano, ¿vino también?

-Él llegará en unos días, aún no terminó el colegio.

 -Vale, ya te presentaré a Santiago y Lucía, sois más o menos de la misma edad.

-Gracias, me encantará conocerlos.

Mary Paz me agrada, es tan hablantina como yo, reflexiono mientras empiezo a despedirme de ellos con cierta emoción. A mis diecinueve años solo pienso en la piscina, platicar con mi amiga, ver a los chicos, en fin, pasar un día de diversión. Estoy entre besos y abrazos, cuando volteo, veo que un coche rojo se estaciona en la acera de enfrente, se baja un chico que llama mi atención por su altura como la de un pino, cabello oscuro como la taza de café de mi padre. Me quedo mirándolo un poco mientras camina despreocupado hacia nosotros. A medida que se acerca, su mirada me cautiva de inmediato por el resplandor que desprenden sus ojos provocativos. Cuando llega, me quedo sin habla, sin respiración, al darme cuenta que es Santiago, el hijo de Mary Paz. Él saluda a su mamá y ella le comenta:

–Precisamente estábamos hablando de ti, ¿recuerdas a mi primo Felipe?

- La verdad no recuerdo nos hayan presentado.

-Tienes razón -dice mi papá, mientras estira la mano para saludarlo- creo que la última vez que nos vimos eras apenas un crío.

-Ella es su hija Mari Belén.

Él se acerca a mí, me da dos besos con una sonrisa sensual dibujada en su rostro, correspondo el saludo de igual manera. En ese instante recuerdo que hace muchos años, cuando éramos pequeños, habíamos coincidido en una fiesta en Celanova; en aquel momento me pareció un pesado, no hablaba nada, no se movía, sumamente aburrido, pegado a su mamá. Mientras mi hermano y yo, corríamos de un sitio a otro sin parar. Y ahora… ¡qué sorpresa! Se convirtió en un chico muy guapo… ¡quién lo iba a imaginar! pienso mientras observo su gallarda figura. De momento caigo en la  cuenta de que estoy poco arreglada y quiero salir corriendo, me siento incomoda y poco atractiva. Impulsivamente veo el reloj y comento en voz alta: ...........continúa leyendo aquí....


#1 Muchas gracias.

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¡Suerte en tu andadura!

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