Sandro González Gil en Recursos Humanos Director de Recursos Humanos y Programas • Conexión Cultura 10/11/2016 · 5 min de lectura · +600

Es el salario emocional, estúpido!

Les voy a contar dos situaciones que me han pasado en los últimos días. Un amigo en una conversación donde le explicaba mis ideas de los rrHH me respondía: “pero eso de lo que me hablas es imposible hacerlo en España, la gente es pilla, te va a tomar el pelo”. Otra amiga, que me contaba sus problemas para conciliar su vida laboral y familiar, ante mis preguntas sobre la posibilidad de hacer parte de su trabajo desde casa me decía: “me pagan por ir a trabajar; eso que propones solo sería posible en tu mundo de rrHH ideal del que siempre hablas…”

A veces me desanimo y me pregunto: ¿tendrán razón? ¿Seremos cuatro gatos idealistas que teorizamos sobre el tema en redes sociales? pero luego en la hora de la verdad ¿cuántas empresas aplican políticas de rrHH de cambio? Yo lo hice y funcionó, pero ¿simplemente tuve suerte? ¿Cuántos casos de éxito hay más allá de casos puntuales y mediáticos?

Creo que mis amigos no tienen razón, pero beben de un río de conceptos asumidos como ciertos sin plantearnos cuánta verdad encierran. Nuestro ideario laboral se alimenta de etiquetas y prejuicios, que aunque acierten en algunos casos, no deja de ser un análisis simplista de toda la amalgama compleja que es el mundo profesional.

En pocos trabajos está más presente la carga ideológica como en rrHH. Hoy todavía está más que presente la lucha de clases (bueno, de clase, en singular, suele sólo una clase la que lucha). La vieja guerra Empresarios-Empleados, Élites-Clase Obrera. Dos mundos condenados a no entenderse…de momento. Es cierto que el terreno de juego neoliberal (los famosísimos mercados), pone unas reglas donde las personas o el medio ambiente son variables secundarias y siempre estarán sometidas al Dios Dinero. Con tal de ser competitivos no importa “usar” y precarizar a personas hasta el límite o cargarnos bosques, rios…(es lo que hay, se suele argumentar). Creo que no hay nada más estúpido que destrozar donde vivimos o  a nuestros vecinos en aras de obtener beneficios económicos. Y dejo fuera la corrupción…

Pero así estamos. En los últimos tiempos se están abriendo ventanas a la innovación, se está valorando más a las empresas que cuidan a su gente y a su entorno, y los clientes cada vez tenemos más en cuenta los valores de una empresa a la hora de consumir sus productos. Por fín, ser ético se está convirtiendo en una ventaja competitiva, y las políticas de personas y sociales de las empresas pasan a ser una inversión en vez de un gasto. Las redes sociales nos están ayudando mucho a ello, dando voz a las buenas prácticas y destapando aquellos casos donde detrás de una imagen moderna se esconde la más reaccionaria y antigua de las empresas. No hay que ser un desalmado para ser competitivo.

Es cierto que quedan