Sergio Francisco Contreras Samayoa en Administrativos Gerente Comercial 27/9/2016 · 3 min de lectura · 1,1K

Negociar

Negociar es innato en el hombre, dado que desde que nacemos comenzamos un arduo camino de negociaciones y transacciones para tener acceso a una cantidad de privilegios o para intercambiarlo por otra contraprestación; se puede negociar desde un dulce de más, entre un niño y su madre, una hora más para llegar a casa un viernes en la noche, entre un adolescente y sus padres, un par de zapatos que me gusta, pero que su precio me parece elevado, una nota en un trabajo, unos kilómetros más o menos de tierra en una negociación de países.

Pensar que todo cambia con el tiempo, sin embargo como dirían los abuelos, todo tiempo pasado fue mejor, hablando en contexto antiguo. En la época de colonización, muy marcada por el arriero del norte, los hombres de comienzos del siglo pasado, tenían empeñada su palabra y era más valiosa que un contrato firmado y autenticado en notaria, si se pone uno a pensar el porqué del éxito de estas negociaciones, quizá salga la conclusión que los negocios se hacían entre amigos, no esos amigos de salir de parranda, sino de aquellos que estaban pensando en vender productos de buena calidad que ayudara a incrementar el bienestar del otro, porque en ellos estaba empeñada su imagen, es un tanto egoísta, pero creo que es la mejor manera de hacer negocio, cuidar mi integridad, mi imagen ante el otro, porque en palabras de vendedores, un cliente satisfecho, trae más clientes.

Contextualizando y transportándonos a esa época, el vendedor miraba tus necesidades y de acuerdo a lo que observaba de ti, te ofrecía una tierra buena para la cosecha, una casa de varias habitaciones porque tenías varios hijos y aparte de eso suegros incorporados, y ni que decir de las cuñadas solteras que pasaban a ser parte de la prole que estaba visionada dentro del matrimonio; la familia era el punto clave para hacer negocios, todo giraba en torno de ella y un vendedor experimentado sabia como llegarle a un futuro comprador, lo analizaba, entraba en confianza, además de eso la inspiraba y sondeaba las necesidades del comprador y el vendedor acompañaba su palabra como mayor prenda de garantía más valiosa que un lingote de oro de los quilates más elevados.

Además, no era una rigorosa ceremonia, había informalidad que generaba confianza, podían hacer negocio tomando un café o un trago de licor, en un sembradío de café, o sobre la mula caminando hacia sus hogares.

Todo lo anterior para decir que otrora, sin haber estudiado carreras tales como negocios internacionales, mercadeo y todas las técnicas y métodos para negociar, un vendedor sabia la importancia de ponerse en los zapatos del otro, mirar sus necesidades, buscar el confort, hasta donde podía exigir y que tanto podía ceder, para que ambas partes fueran beneficiadas en la negociación, el concepto “gana gana” no estaba establecido en teorías, pero era llevado a la práctica por hombres de palabra, con principios éticos y valores morales muy marcados.

Ahora las negociaciones no son tan personales e íntimas, se ofrecen servicios que se crean y se estudian en los Negociarmercados, se observan las demandas y es cuando se planean las estra