Sonia Karina Aguilar en Las Reflexiones de hacen pensar, Motivación, Escritores terapeuta • Terapias de Desarrollo humano y psicoterapía 14/10/2016 · 2 min de lectura · +200

Complicidad Femenina

Complicidad Femenina

Hola. A petición de unas personitas que adoro, escribí sobre complicidad femenina. Siempre trato de ser incluyente en todo lo que escribo, pero tenía tantas ganas de hablar de esto que, me tomé la libertad de explayar mi lado feminista y hacerle honor a quien honor merece. Lectores varones, no se vallan, seguramente ustedes experimentan lo mismo en “el club de Tobby” y recordarán a varios camaradas mientras leen este post.

Las mujeres somos conflictivas por naturaleza, y de hecho he escuchado a muchas mujeres igual que yo, decir que siempre se ha llevado mejor con hombres que con mujeres, que sus mejores amigos son hombres, etc.

Sin embargo, hay un ingrediente un poco raro (aun no logro identificarlo), cuando varias mujeres se juntan, ya sea porque son parte de un grupo, por razones de trabajo o por cualquier motivo que se les ocurra; al inicio puede ser difícil la convivencia, pero conforme se hace más intensa la interacción y empezamos abrirnos y compartimos un poco de lo somos cada una, se vuelve una relación tan comprometida, fuerte e invaluable que es difícil de creer que puedas sentirte tan cómoda.

Una realidad es que, por más amigos hombres que tenga una mujer, siempre tendrá por lo menos a una amiga. Porque así como podemos ser conflictivas y difíciles, también somos protectoras, fuertes y siempre nos apoyamos. Frases como “el problema de mi amiga también es mi problema”, “Yo te cubro la espalda”, “Cuéntamelo todo”, “Estoy mal, necesitamos tomarnos un café”… resultan códigos que solo nosotras entendemos perfecto.

Hay varios dichos que se refieren a nosotras las mujeres, como por ejemplo: “Entre nosotras podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”. En especial este dicho, no lo entendía bien hasta que mi camino se encontró junto al de 10 chicas más, ahí por el año 1998. Todas y cada una de nosotras formamos parte del Clan Coatlicue. Si yo les platicara cuántas veces nos peleamos, discutimos, lloramos y gritamos, seguramente ocuparía una hoja completa, pero en contraste, si hablara de las veces que reímos hasta dolernos la barriga, los abrazos, el apoyo y la camaradería, sin duda tendría que escribir una novela en varios tomos.

Este clan era n