Wolfdux Anathema Chimaera en Relatos, creatividad, Escritores Escritor • Wolfdux's Lair Editorial 27/2/2018 · 1 min de lectura · +100

2# Una de miedo

2# Una de miedoNo es la primera vez que me quedo encerrado en un ascensor. Cuando era pequeño siempre hacíamos el tonto para asustar a nuestros amigos, dando saltitos o tocando la sirena. ¿Quién no ha probado de abrir la puerta desde dentro cuándo el ascensor está subiendo?

Acabo de volver del cine y tengo en la cabeza las imágenes de la película, y como no, la película era de miedo. Películas que te hacen sentir inseguro cuando vas por la calle dirección a casa o en el coche, y miras de reojo a través del retrovisor esperando que nadie haga acto de presencia en los asientos posteriores.

Vivo en un bloque bastante viejo, igual que su ascensor. Las puertas se abren como un abanico, las paredes son rojas y tiene un gran espejo justo enfrente de la puerta. El edificio no es muy alto, solo tiene cuatro plantas, pero no es lo mismo bajar las escaleras que subirlas, así que cada día, subo en ascensor.

Ya llevo un rato encerrado en el ascensor, la cobertura de mi móvil brilla por su ausencia, y al parecer los vecinos hacen caso omiso de la alarma. Es lo que tiene qué haya muchos críos en mi bloque, están todo el día dándole al botoncito y cuando realmente es usado para su cometido, la gente pasa olímpicamente de él.

¿Os he dicho ya que la luz es de esas que parpadea cual película de terror? Igual que esa película de terror que acabo de ver en el cine…

Como iba diciendo, nunca me había preocupado si me quedaba encerrado solo o acompañado en el ascensor, pero hoy es diferente. Nunca me había considerado una persona claustrofóbica, pero ahora parecía que el yo claustrofóbico quisiera salir desde lo más profundo de mí. Una inseguridad comienza a invadirme y tengo la necesidad de respirar aire fresco, de poder hablar con alguien y quitarme al asesino de la maldita película de la cabeza.

Abro la puerta desde dentro y lo primero que veo es un número tres a la altura de mis ojos. Perfecto, me he quedado a un maldito metro de llegar a mi casa. Pico a la puerta exterior con todas mis fuerzas esperando que alguien me oiga, aunque sé que en la cuarta planta solo vivo yo, el piso de enfrente esta deshabitado. Pido ayuda y vuelvo a mirar mi móvil con la esperanza de que la cobertura me saque de esta situación, pero no.

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