Buscando a Neo

Buscando a Neo

Querido 2020:

Arrancaste el año vendiéndome sopa de murciélago, una estrategia bastante turra sabiendo que los chinos tienen cámaras hasta en los traseros de las ratas que venden. Tu mentira empezó a hacer ruido en Wuhan, atravesó el contrato que firmaste con el doctor Anthony Fauci en 2014 en un laboratorio de la zona y terminó en mi pasaje cancelado a la Argentina en abril.

Obligaste a todos los gobiernos a que cerraran las fronteras, apagaste la economía mundial (mientras que China compraba todas las bolsas, claro) y nos dejaste sin actividad laboral, sin amigos y sin familia.

Aún así, tu lectura con respecto a la humanidad fue más exacta que la meta de reducir nuestra especie. Entiendo que subliminalmente nos deseaste la muerte—y algunos realmente se la merecían—pero que quieras asesinarnos con una mentira tan vulgar como la que creaste habla más mal de vos, 2020, que de los que se ponen en el barbijo para pasear al perro.

Me hiciste discutir con la gente por alcohol en gel y lavandina, y detrás de tu fachada te estabas descojonando de la risa con tus profetas que adivinaron tus movidas desde la Edad Media.

Te hiciste el canchero con esto del regreso del Mesías y la resurrección, pero de la cuarentena lo único que nació fue un manojo de temerosos y borrachos repitiendo mil veces: “quedate en casa”. Llegó mayo y pensábamos que las cosas se aclararían, sin embargo, volvió una segunda ola de ineptos discutiendo con los que luchan por la constitución y la verdad.

Los Mayas, los Aztecas, los Incas, los pentecostales, los musulmanes, la Biblia, Nostradamus, el catolisismo, el judaísmo y hasta los Testigos de Jehová te mencionaron, no puede ser ficción que seas el tipo más famoso del calendario y desde que arrancaste no hiciste otra cosa que jodernos la vida. ¿Por dónde empiezo? De un novio mejor ni hablar, ya que sos tan cínico que a lo mejor me envías uno que tenga miedo de besarme por si le paso un virus que tiene una mortalidad de un dos porciento.

Creo que la gripe porcina lo duplicaba y nadie hizo este escándalo.

Te gusta llamar la atención, 2020, has invadido todos los medios y ahora el que no está esperando la muerte, está muriéndose lentamente (de tristeza) en su casa sin nadie que lo despida.

Ya no te aguanto más; me vale madre que seas famoso, histriónico y conspirativo. Entre los satélites que vuelan afuera del planeta y responsabilizan a los OVNIS, y el asteroide que nunca llegó pero le hizo un agujero a mi paciencia, estoy hasta la zorra.

No paro de atajar mensajes en tu nombre explicándole a mis amigos que tu enfermedad tiene que drenar urgente si no queremos padecer tus consecuencias hasta que vuelvan los Aborígenes y reanuden la Tierra empezando de cero.

O no sé, de repente algún chamán que destierre las fuerzas ocultas del mal que se está llevando la coherencia social. Siempre apoyé a mis hermanos los extraterrestres, pero desde que empezó tu bachata, 2020, aparecieron los grises, los verdes, los Anunnakis y qué se yo cuántas especies más que quieren negociar con los corruptos del poder y ya no sé quién es quién. Lo que sí sé, es que ahora para saber el futuro tengo que mirar a los Simpsons, ¿hiciste un pacto con un dibujito animado, 2020? ¿Hasta cuando vas a tirar de la soga evolutiva, querido?

Sé que nos lo merecemos, pero aminorá que hace un año que no la veo a mi madre y todavía no prendí fuego a mis exnovios.

Lo que sí hice, fue darle de baja a Netflix, ya que me enteré que un pedófilo de la elite maneja la consola. Con razón me tiraba el documental de Bill Gates y una chorrada de películas de cuarta; está clarísimo gauchos, nos quieren con el cerebro bien lavado, con Wellapon como decía SUMO. Se terminó un matrimonio largo y desbalanceado, Netflix. Y entre la falsa pandemia, los medios manipulados por las sectas, Alejandro Sanz vendiendo su alma al diablo, creo que vi demasiado para una sola vida.

A lo mejor me quedé en el tiempo, donde era feliz con la música de los ochentas, el teléfono fijo, la goma de mascar Bazooka. Rodeada de amigos que hablaban el mismo idioma: la profundidad atravesada por el humor. Un postre exquisito que desapareció en el medio de todo este delirio mundial. Se fue lo simple, de sentarnos en la vereda y poder intercambiar el número de las peluquerías. Darnos un abrazo sin juzgar las decisiones del otro, porque no había un otro, 2020, vos trajiste una entidad que nos separó y la gente se tragó el papel. Y aunque me duela en el alma, el ciclo se sigue repitiendo hasta que la humanidad aprenda la lección: superar su ego y servir al propósito al que realmente vino.

Namaste.

Ceci Castelli

www.cecicastelli.com