La esclavitud de la ignorancia

La esclavitud de la ignorancia


Siete maratonistas con barbijos, la familia Ingalls en bicicleta con máscaras y cuatro peatones que no dominan la correa del perro después, me encontré una vez más en el campo de batalla: la calle. Donde los recibidos en Stanford están tragándose su propio dióxido de carbono generando una disputa entre inteligentes y verdaderamente inteligentes.

Qué lindo este show de demócratas contra republicanos.

Un teatro barrial donde se pelean los buenos con los buenos y los malos están comiendo pochoclo mientas nos agarramos de los pelos. Si seguimos así, Netflix va a empezar a facturar el doble sin director, sin guion y con cámara en mano. La película se está montando solita, producto de una separación hostil que se está chupando los dedos con nuestra disputas. Un volcán se podría haber llevado a varios inconscientes, en cambio la gente decidió darle de comer en la boca peleándose por una postura política en vez de por la libertad.

Lo reconozco, estoy asquerosamente repetitiva, y lo que más me preocupa es que mi repetición no funciona pero la de ellos sí. ¿Cuál es la que va? ¿Tener un canal de television free speech? ¿Topar las redes sociales con tres millones de videos de lo que nos están ocultando?

Primer problema social: los humanos quieren que los sigan amamantando; no quieren crecer y después son los primeros en tirarte al piso y llenarte de barro si no pensás cómo ellos.

El volumen de mi auricular ya no sabe cómo cancelar tanto ruido de gente durmiendo al mismo tiempo; voy en mi bicicleta dejando que la música me martille los pensamientos negativos que florecen cuando veo a una criatura de tres años con un barbijo. Pensé que lo podía dejar pasar, hasta que el padre intuyó mi estrés y me gritó que yo estaba arriesgando su vida al no taparme la boca. Tuve que parar y enfrentar a este señor al que me vi llevando rosas a su funeral en un lapso de cinco minutos.

Mi pulso cardíaco se duplicó y traté de bajar mi nivel de glucosa en sangre para no clavarle un pararrayo en el cuello.

En una discusión agitada y diplomática me llegó a decir que él es cirujano, me agarré la cabeza y le dije que si ya no escucha ni a la ciencia pocas chances tenía de ser oída.

— Ceci, dejá de pelear que en Estados Unidos la gente tienen armas—me dijo mi tía.

— Es que no entendes, tía. A mí ya me mataron hace rato, dudo que una bala me liquide.

Al llegar a casa y entrar a mi edificio me crucé con uno de mis vecinos en la puerta, se alejó automáticamente por las dudas de que lo contagiase con mi sentido común. Agarró el picaporte con un trapo y todo, lo juro.

Pensando que ya había terminado de verlo todo, llego a mi piso y veo que pasa otro de mis vecinos con guantes de latex y máscara N95. ¡Vamos!, las que usaron los bomberos en el derrumbe de las Torres Gemelas.

Pensé que la falla de San Andrés era la que iba a llevarse a esta gente, pero resulta que ahora soy yo la que los va a tirar debajo de los escombros. Wish me luck, vengo impaciente.

Se me está acabando el tiempo en esta matinée de subdesarrollados mirándose el ombligo mientras el resto del mundo está en las brasas.

Si seguimos contribuyendo al poder que está detrás del poder vamos a terminar con un brazalete en el tobillo, sin efectivo y con las neuronas quemadas de las frecuencias radioactivas que nos instalan mientras nosotros debatimos las medidas de higiene.

Querido planeta Tierra: te pido perdón por todas las calamidades que se están gestionando en nombre de la corrupción.

No te merecías tanta oscuridad y miseria, pero tienen que partir unos cuántos para que la verdad triunfe en este imperio de burros con diplomas.

Intentaré no perder mi sanidad en esta guerra silenciosa, pero si me pongo áspera y cínica es que llegó la hora de gatillar los trapos sucios de un sistema que viene manipulando nuestras libertades hace décadas.

Me llenaron el agua de flúor, me intoxicaron el aire y me alteraron el PH con químicos que mi cuerpo intenta reciclar día y noche.

¿Hasta dónde quieren llegar?

Se terminó mi costado bohemio y empezó una lucha con los míos por desenterrar las atrocidades más grandes de la historia.

Y si no estás conmigo al menos correte de mi camino, no tengo tiempo de explicarte como están destrozando la privacidad en tu cara.

Como te quieren separar del amor que te trajo a este sitio para que hagas algo por el bien de todos.

Onward!

Ceci Castelli

www.cecicastelli.com




Cecilia Castelli Jun 4, 2020 · #4

Lo sé, pero ahora ya no da para más...#3

0
Humberto Rodriguez Jun 1, 2020 · #3

Estoy contigo Cesi...solo una correccion, esto que escribes viene sucediendo desde siglos, solo que mas sutil, sin confinamiento, pero igual manipulandonos, lo unico que ahora salio a flote en medio de la dureza de las cirscuntancias, aplausos!

0
Cecilia Castelli Jun 1, 2020 · #2

Gracias :) #1

0
Robert Leyton Palma May 31, 2020 · #1

Excelente Sigue asi :)

0